sábado, 9 de abril de 2016

STEFAN CEL MARE



Stefan cel Mare – Esteban III de Moldavia “el Grande”, inteligente, astuto, osado y sobradamente preparado, se ha convertido por derecho propio, en una gigantesca figura de la historia de Rumanía. Parques, plazas, calles, monasterios, cuadros, avenidas, colegios, estatuas, monumentos...diseminados por todo el país mantienen vivo su recuerdo. El príncipe Esteban convirtió Moldavia en un poderoso estado, con capacidad suficiente para mantener su independencia.


Cuando su padre, Bogdan II, fue asesinado (algo demasiado común en la época), Esteban, que era poco más que un niño, se refugió en Transilvania bajo la protección del poderoso clan de los Hunyadi, y allí coincidió con otro exiliado con pedigrí, Vlad III. Pronto hicieron buenas migas y juntos se empaparon de los complicados resortes del mundo de la política, los entresijos de la vida cortesana y todo lo que debían saber sobre el mundo marcial. Vlad y Esteban cabalgaron juntos durante interminables horas y vagaron por indescifrables senderos en pos de su destino. Esta fue una amistad fructífera para ambos.


En 1457 Vlad ofreció a Esteban un considerable destacamento con los que poder asaltar Moldavia y convertirse en príncipe con todas las de la ley. Laureado general, consumado militar, vencedor en más de treinta batallas, rodeado de molestos vecinos, defendió con éxito y pundonor su país, deseado por húngaros, polacos y otomanos (y menos mal que aún no habían llegado los rusos). Y con todos se las tuvo tiesas. Interceptó y derrotó al ejército de Matías Corvino que se dirigía a Moldavia con la intención de sentar en el trono a Petru Aron, aniquiló a una peligrosa horda tártara y hacia 1471, invadió Valaquia, le dio una paliza a Radu el Hermoso, secuestró a su mujer y se llevó a su hija, María Voichita, para convertirla en su esposa. El sultán Mehmet II cabreado con lo que le habían hecho a su querido Radu, reclutó un gran ejército y lo lanzó contra Moldavia para castigar la afrenta.


Entonces consiguió Esteban consiguió el mayor éxito de toda su carrera militar. Emboscó a sus hombres en las ciénagas y pantanos que rodean la ciudad de Vaslui, y allí sorprendió al ejército de Mehmet II. La batalla de Vaslui (1475) fue una de las peores derrotas que sufrieron los otomanos frente a las armas cristianas. Este traspiés dejó muy mermado al turco que detuvo por un tiempo su avance sobre Europa Oriental.


A pesar del rotundo éxito, Esteban sabía que el peligro otomano no había sido conjurado, y decidió sustituir la espada por las palabras. Envió misivas relatando la victoria a todos los estados cristianos, incluido el Obispo de Roma, y explicando la necesidad de unir a toda la Cristiandad para poder expulsar a los otomanos de Europa. Reyes y príncipes miraron para otro lado y el papa se limitó a nombrar a Stefan cel Mare, “Campeón de la Cristiandad”. Definitivamente el espíritu de cruzada había muerto.


Por estas fechas, y tras hacer las paces con el rey Matías, Esteban devolvió el favor a Vlad, y le ayudó a recuperar su trono. Aunque el valaco no pudo ni mantenerlo, ni conservar la cabeza sobre los hombros.


Cuando Esteban fue plenamente consciente de su insuficiencia militar, con enemigos por todos lados, volvió a recurrir a la diplomacia, y en 1486 firmó un tratado con el sultán Bayaceto II. La autonomía de Moldavia a cambio de un suculento tributo anual.


A pesar de las guerras y la turbulencia política, el reinado de Esteban fue una época de prosperidad y gran desarrollo cultural. Bajo su mandato se fundaron numerosos monasterios – Putna, Voronet, Moldovita, Sucevita – y mantuvo al clero ortodoxo de los estados ocupados por los turcos, además de proteger los monasterios griegos del Monte Athos. Algunas ciudades moldavas vivieron el mayor esplendor de su historia con Esteban, como la capital Suceava, Radauti o Piatra Neamt, donde se estableció ocasionalmente la corte principesca. Para defender sus fronteras inició una política de reforzamiento de las fortalezas existentes, como la de Tirgu Neamt o la Cetate de Scaun en Suceava.


Esteban murió en Suceava y fue enterrado en el monasterio de Putna, donde descansa eternamente junto a su María Voichita. Fue llorado largamente y convertido en santo por la Iglesia Ortodoxa en el año 1992 (tras la caída del régimen comunista). Si uno no es rumano no puede alcanzar a comprender la dimensión de este personaje, algunos historiadores románticos y nacionalistas, como Nicolae Iorga, han escrito auténticos panegíricos sobre su extraordinaria personalidad, y recientemente (2006) un progama de la televisión pública lanzó una campaña para elegir al personaje más importante de la historia de Rumanía. Votaron miles de espectadores y el vencedor fue Stefan cel Mare.


Prudente cuando tenía que serlo, empleaba el suplicio del palo con el enemigo, diestro con la espada y locuaz con la palabra, y siempre presto para aprovechar la oportunidad, Stefan cel Mare, en sus momentos de ensoñación, se veía a sí mismo dirigiendo una cruzada y recuperando Constantinopla para la Cristiandad.




viernes, 8 de abril de 2016

JUSZTINA SZILAGI, EL GRAN AMOR DE VLAD DRÁCULA.



Perdido en el laberinto de Buda, que atraviesa las entrañas de la colina, me topé con una leyenda que habla del amor entre Drácula y Jusztina Szilagi, su segunda esposa. Al parecer el romance comenzó mucho tiempo antes de que Vlad III – el Drácula histórico – se convirtiera en prisionero del rey húngaro. Desde muy temprana edad Drácula frecuentaba la casa de los Hunyadi, y allí conoció a Jusztina Szilagi, una hermosa prima de Marías, que acudía a la corte para ser educada y medrar en lo posible. Drácula y Jusztina coincidieron muchas veces, las miradas furtivas dieron paso a los besos fogosos, sus corazones se encendieron y los jóvenes se enamoraron perdidamente. Pero no era su momento y sus caminos se separaron.

A pesar de la distancia, y los avatares vitales, el amor entre ellos nunca se apagó del todo, ni siquiera en la complicada época en que Matías, ya convertido en rey, se enemistó con el voivoda valaco. El momento y las circunstacias que rodearon la boda son bastante desconocidas, tan solo una breve referencia a la huída de Jusztina con Vlad, y una ceremonia íntima en un lugar secreto. Después de las nupcias Drácula tomó a su flamante esposa, la montó en su corcel y juntos cabalgaron hasta la fortaleza de Poenari. Allí, apartados del mundo dieron rienda suelta al amor y la pasión. Durante un tiempo fueron felices, pero la guerra irrumpió nuevamente en el hogar de Drácula.

Valaquia había perdido a Hungría como aliada frente a los otomanos, Vlad fue caputurado por los hombres del rey húngaro y encerrado en una fría mazmorra de Buda. Posiblemente en este mismo laberinto donde leí esta leyenda. Con el paso del tiempo las condiciones del cautiverio de Vlad fueron mejorando, y se le trasladó a una confortable casa en Pest. Mientras Vlad era rehén de Matías, su esposa lloraba amargamente su ausencia en la fría soledad de Poenari. Un aciago día recibió Vlad la terrible noticia que dejó su alma ajada. Los turcos habían atacado su castillo y una desesperada Jusztina prefirió lanzarse por la ventana, antes que convertirse en un juguete en manos de los crueles jenízaros. Cuentan los lugareños (o Francis Ford Coppola, eso no lo tengo muy claro), que el río al que cayó Juzstina, pasó a llamarse río Princesa.


Realmente no se cual es el origen de esta leyenda, no exenta de cierta belleza trágica, pero lo que me queda claro es que al igual que ocurre en Rumanía, también en Hungría quieren aprovechar el tirón de la inmortal figura de Vlad Drácula (el hombre y el vampiro).  

lunes, 14 de marzo de 2016

DRAGOSH VODA Y LA CAZA DEL URO



El enorme y poderoso bóvido arremete contra la montura y el jinete. Su fuerte testuz no puede detener el hachazo mortífero de Dragosh. Mircea Eliade me contó esta historia y Rumanía – en la plaza mayor de Campulung Moldovenesc – me la mostró. Aunque ya no quedan uros en Europa. Tampoco vovivodas.

El uro primigenio. El animal totémico. Desde los ignotos confines occidentales hasta la montañosa Moldavia. Dragosh Voda, a través de bosques impenetrables persiguió al uro, lo alcanzó en Campulung – Campo Largo – y le dio muerte. Aquí fundó el principado de Moldavia. Un sacrificio para una fundación, un viejo axioma atávico. Los magiares siguieron al mítico Turul, y los futuros moldavos a un uro.

Las leyendas alimentan el alma de un pueblo, que se identifica con ellas. Se aferran a estas historias en los momentos más complicados, cuando la propia supervivencia (y la identidad misma) está en juego. Cuando la idea de comunidad está a punto de perecer buscamos los orígenes, aquello que nos unifica, y recordamos memorables hazañas que sucedieron en un momento atemporal. Asismismo, identificándonos con un símbolo nos desligamos del molesto vecino. El uro diferencia a moldavos de valacos y transilvanos (y también de los húngaros), tres pequeños estados condenados de entenderse en un época en que aún pastaban uros en el continente.

Las crónicas escritas, imaginadas y redactadas muy a posteriori dicen que Dragosh llegó de Maramures siguiendo a un uro (tal vez un bisonte), atravesó montes y bosques carpáticos, hasta que le dio alcance. Desmontó de su caballo a orillas del río Moldava, y este hecho, fechado en el año 1359, marcó la fundación del principado de Moldavia.




domingo, 31 de enero de 2016

BATALLA DE POSADA.



La batalla de Posada (1330) marca de alguna manera el origen del principado medieval de Valaquia, que con el tiempo se convirtió en uno de los territorios que formaron el estado rumano. En el fondo, la Batalla de Posada es un hito más, recurriendo al lenguaje algebraico un punto de inflexión, en el proceso de formación de dicho estado. No pocos estados arrancan su existencia tras una victoria en batalla, si los astures, por ejemplo, tuvieron su Covadonga (extendida más tarde a toda la España cristiana), los valacos tienen esta batalla vinculada a la figura de Basarab I.


En otoño de ese 1330, una fecha histórica para el pueblo valaco-rumano, Basarab I, llamado el Fundador, derrotó al ejército húngaro en la Batalla de Posada (Posadai csata , Batalia de la Posada), pero el conflicto comenzó un poco antes. El voivoda valaco estaba dispuesto a aprovecharse de la inestabilidad que se había apoderado de Hungría tras la extinción de la dinastía de Arpad. En 1324 tenemos a Basarab bajo la autoridad del monarca Carlos I Roberto, al que debía fidelidad y tributo. Los siguientes años, Basarab conquista Turnu Severín, las relaciones entre ambos se van enfriando, hasta que el voivoda valaco se niega a seguir pagando tributo.

Dos miembros de la aristocracia húngara instigaron al monarca a lanzar la campaña contra Basarab I. Estos nobles eran Dénes Szécsi, que pretendía obtener la fortaleza y el distrito de Sverin, y el voivoda de Transilvania, Tomás Szécsényi, que ambicionaba controlar las tierras de Valaquia. El rey entonces, totalmente convencido, inicia una expedición de reconquista y de castigo a su vasallo rebelde.

En septiembre de 1330 el rey prepara a su ejército, y otorga el mando de la caballería a István Lackfi. Unos treinta mil hombres penetran en territorio transilvano, conquistan Banatul de Severín, entran en Timisoara y avanzan hacia Oltenia. La táctica de retirada y tierra quemada puesta en práctica por Basarab provocó serías hambrunas entre los invasores.




Entonces Basarab decide emplear la diplomacia. Envía un emisario a Carlos I Roberto, ofreciéndole plata, la Cetatea Severinlui y a un hijo que enviaría a Hungría en calidad de rehén, como garantía de buenas intenciones. Carlos rechaza la oferta de paz, añadiendo con desdén que “Basarab es únicamente el pastor de mis ovejas”. La Chronicon Pictum, documenta e ilustra esta entrevista y el desarrollo de la batalla.


Los valacos atraen al ejército más hacia el interior, a un estrecho valle, donde fueron prácticamente masacrados (y humillados). Un primer ataque en el monte cortó la marcha a las tropas, y posteriormente lanzaron un segundo ataque demoledor y decisivo. A los 30.000 hombres del ejército húngaro, los valacos solo pudieron oponer unos 10.000 individuos, que equilibraron su inferioridad numérica utilizando la montaña como aliada. Este modesto ejército estaba formado por caballería ligera (probablemente la guardia personal de Basarab), arqueros a pie y campesinos escasamente armados.

Lienzo de Jozsef Molnar, Dezso se sacrifica para salvar a su rey.
Fueron cuatro días de lucha (9 – 12 de noviembre) y el rey Carlos pudo huir a duras penas, intercambiando la armadura con uno de sus vasallos. La famosa Chronicon Pictum finaliza con esta batalla, una de las más dolorosas que sufrieron los húngaros en esta época. Entre las víctimas se contabilizó un elevado número de nobles.


Los historiadores no han podido establecer el punto exacto donde tuvo lugar la batalla, aunque lo más probable es que los valacos emboscaron al ejército húngaro en una región comprendida entre Oltenia y Severín. Por otro lado en las fuentes medievales no aparece el apelativo Posada. Este nombre fue introducido por el historiador rumano Nicolae Iorga a principios del siglo XX.

Para el protoestado valaco, la victoria significó continuar con el proceso de independencia respecto de Hungría, comenzado, entre otros por Litovoi o el legendario Radu Negru , y que sería consolidado por los sucesores de Basarab, como Nicolae Alejandro o Vlaicu Voda .

Posada fue también un momento decisivo para Hungría, esta derrota le obligó a abandonar su ambicioso proyecto de extender el reino hasta el mar Negro.

Mircea Eliada, el gran erudito rumano, escribe lo siguiente sobre la repercusión de Posada en su obra “Bajo el signo de Zalmoxis”: “En efecto, desde que el pequeño principado de Valaquia (Muntenia), fundado y fortificado por la enérgica familia de los Basarab, conquistó la independencia y repelió la soberanía húngara, después de haber aniquilado en 1330 al ejército de Carlos Roberto de los Cárpatos, asistimos a la rápida expansión del Estado naciente en dirección al estuario del Danubio y del mar Negro. A fines del siglo XIV, el príncipe de Muntenia se intitulaba señor de las dos orillasa de todo el Danubio, hasta el Gran Mar”.

Basarab I en Curtea de Arges.
Otro reputado historiador rumano, Matei Cazacu, describe las causas, la batalla y las consecuencias en el libro Vlad III Drácula. Vida y leyenda de el Empalador, príncipe de Valaquia. “Por entonces, Carlos Roberto llamaba nuestro voievod a Basarab, expresión que no podemos definir con mayor precisión. En 1330, Basarab ocupó la fortaleza de Severin a orillas del Danubio, en Oltenia, y el rey lo conminó de inmediato a cedérsela. Ante el rechazo del príncipe valaco, Carlos Roberto emprendió una campaña militar y amenazó a su vasallo “pastor de ovejas”, con arrancarlo de su covacha meciéndole las barbas. Cuando el rey invadió Valaquia con su ejército, el hábil Basarab negoció un tratado de paz por el que renunciaba a su conquista y se comprometía a pagar siete mil marcos de plata en concepto de compensaciones, suma considerable que representaba el equivalente a una tonelada y media de plata, a setenta y cuatro kilogramos de oro o veintiún mil florines de oro. Esta promesa determinó al rey de Hungría a dar media vuelta, dejando en el trono a su turbulento vasallo, tras incendiar su residencia de Curtea de Argés, en las colinas de los Cárpatos.

Sin embargo, en un desfiladero de esos mismos Cárpatos, las tropas de Basarab atacaron por sopresa al ejército húngaro que, rodeado por todas partes, sufrió graves pérdidas (9-11 noviembre de 1330). El rey debió su salvacióN únicamente a la circunstancia de que intercambió armaduras con uno de sus vasallos. Nobles, caballeros y obispos húngaros cayeron bajo las flechas y lsa piedras lanzadas por los valacos desde lo alto del desfiladero. Se perdió incluso el esllo de oro con las armas reales; y los restos del ejército sufrieron lo indecible para encontrar refugio en Transilvania. Basarab conservó Oltenia, que según parece recibió como prebenda su hijo, asociado al trono a partir de 1342".

El irlandés, inmortal al igual que su criatura, Bram Stoker, parecía conocer, siquiera en esencia, la Batalla de Posada, o al menos, la forma de combatir de los valacos, a juzgar por este pasaje de su novela Drácula.

“En la antigüedad hubo tiempos agitados, cuando los austríacos y húngaros llegaban en hordas y los patriotas salían a enfrentárseles, hombres y mujeres, ancianos y niños, esperaban su llegada entre las rocas arriba de los desfiladeros para lanzarles destrucción y muerte a ellos con sus aludes artificiales”.


Valacos cabreados con las intromisiones del monarca húngaro, deciden parapetarse tras los riscos, y atrincherados en viejas montañas, que tan solo el agua paciente de pequeños ríos, se atreve a franquear. Estos hombres y mujeres dieron forma, consistencia y personalidad al principado de Muntenia (Valaquia). Pero en estos casos siempre surge el mismo interrogante, ¿quién era el máximo interesado?, ¿el campesino o el boyardo?, ¿el pueblo o el voivoda?.