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lunes, 5 de diciembre de 2016

BASARAB I EL FUNDADOR.



Atrincherado en las montañas carpáticas, Basarab I venció a los ejércitos húngaros a la vieja usanza, proclamó la independencia de Valaquia, e instaló su corte en la novelesca Curtea de Argés. Una Curtea de Argés que fue capital, cuando Bucarest aún no era ni proyecto de ciudad.

Basarab I, católico, hijo del legendario voivoda Thocomerius, y hay quien dice que cumano, es conocido como “el Fundador”, en rumano Intemeietorul, ya que rompió su relación de vasallaje con el Reino de Hungría y fundó su propio principado, Valaquia.

Tras varios desencuentros con el rey Carlos Roberto, Basarab decidido a desligarse del control magiar, reunió tropas y derrotó a los húngaros en la célebre batalla de Posada. Este príncipe rumano reinó durante unos treinta años, y desde la región central de Muntenia, llamada así por razones obvias, consiguió extender sus dominos hasta las regiones orientales de Valaquia, llegando así a alcanzar el río Danubio.

Basarab y sus descendientes supieron aprovechar la crisis interna que sufrió Hungría con la extinción de la casa de Arpad para sentar las bases de su propio estado.


jueves, 30 de junio de 2016

MATEO CSÁK, EL REY SIN CORONA DE HUNGRÍA.



Poderoso señor feudal húngaro que aprovechó la debilidad de los últimos monarcas de la Casa Arpad y la crisis sucesoria subsiguiente, para medrar en política, acumular dominios, hacerse tremendamente rico, campar a sus anchas por las tierras del reino y convertirse, de facto, en un “el rey sin corona de Hungría”.

Miembro de una poderosa e influyente familia, los Csak, inmersos en un cruenta lucha de poderes contra otras familias. Los Kozsegie eran sus más encarnizados rivales. Mateo Csák fue, como su propio padre, nádor (segunda persona más poderosa después del rey), mariscal, juez, gobernador y señor de la tesorería, además de dueño absoluto de la Alta Hungría. A lo largo de su vida fue juntando un destacado patrimonio territorial a través de diferentes procedimientos: herencia de su padre y de su tío, conquista de posesiones rivales y compra de tierras y fortalezas.

En el año 1291 participó en una campaña militar que Andrés III lanzó contra el duque Alberto I Habsburgo, un pretendiente al trono magiar. Las tropas húngaras derrotaron a los austriacos en una batalla cerca de Viena. Sus triunfos militares ayudaron a incrementar su prestigio. Como recompensa Mateo recibió del rey el título de caballero y el de gobernador de Bratislava. Más tarde fue nombrado juez de los cumanos y nádor de Hungría. A lo largo del reinado de Andrés III Mateo fue consiguiendo más y más títulos, acrecentando exponencialmente su poder e influencia.

En 1293 las ansias de poder de Mateo eran incontenibles y ocupó, utilizando la fuerza, la provincia de Trencín. Atacó y devastó la región de Nitra y por el uso irresponsable y desmedida de la violencia, el rey le desposeyó de sus títulos. Sin embargo, el orgullo y altivo Mateo siguió hacierno gala de ellos. Enfrentado al rey, comenzó a ocupar tierras y fortalezas de otros nobles (más afines al monarca), llegando a eleminar a algunas de las ramas rivales. En esos momentos logró una posición que ningún otro noble había alcanzado jamás en la longeva historia de Hungría.

En 1301 muere el rey Andrés III, último representante de la casa de Arpad y se inicia una larga lucha por la sucesión con tres candidatos enfrascados en ella: Otón III duque de Baviera, Wenceslao III de Bohemia y Carlos Roberto de la familia Anjou.


Como sucedió en la corona de Castilla durante el siglo XV (y otros rincones de Europa), los clanes nobiliarios luchan por el poder y la supremacía sobre el resto. Se dedican a coleccionar tierras, haciendas y feudos, para demostrar quién la tenía más grande. Tras la muerte de Andrés los barones se independizaron totalmente: recaudaban impuestos, acuñaban moneda, impartían justicia....

Para consolidar su poder, Mateo Csák decidió establecer a un rey marioneta, joven, débil e inexperto al que pudiese manejar a su antojo, y el elegido fue Wenceslao III de Bohemia. Mateo Csák participó activamente en su coronación en la ciudad regia de Szekesfehervar. Por este apoyo, Mateo Csák recibió los territorios de Nitra. Como en el fondo Mateo no quería a ningún rey (salvo a él mismo), pronto se levantó contra su antiguo protegido. Sin apoyos y desde una posició débil, Wenceslao renunció al trono húngaro y se volvió a Bohemia a reinar allí con dignidad.

Mateo Csák aprovechó la vuelta a casa de Wenceslao para conquistar e instalarse en Visegrad. Convirtió esta palza en residencia y desde allí se lanzó a tomar otras fortalezas (no menos de veinte). A priori en estos momentos no parecía oponerse abiertamente a otro candidato, Carlos Roberto. De todas formas el enfrentamiento entre ambos era cuestión de tiempo, no puede haber dos gallos altaneros en el mismo corral.

Desde Visegrad Mateo lanzó un terrible ataque sobre la cercana ciudad de Buda, obligando a Carlos Roberto a traslader su corte a Temésvar (Timisoara). Con el rey acantonado en el sur y él dominando todo el norte del país, alcanzó Mateo Csák la cúspide de su poder. Fue excomulgado por no acatar la autoridad de un rey al que había jurado obediencia. Su respuesta fue asediar y tomar las fortalezas del arzobispo de Esztergom y la del arzobispo de Nitra. Estaba dando el todo por el todo y Carlos Roberto (si quería reinar sin obstáculos) no podía permanecer de brazos cruzados.

En 1312 Mateo Csák aliado con los hijos de Amado Aba, fue vencido en la batalla de Rozgony por las tropas reales. A pesar de que con esta derrota la posición del noble Mateo se había debilitado mucho, el rey nunca pudo ni vencerlo ni someterlo del todo. Esa partida únicamente la podían decidir las Moiras.

Aprovechando esta debilidad, Tamás Széceni, fiel partidario del Carlos Roberto, arrebató en 1315 la ciudad y la estratégica fortaleza de Visegrad al noble rebelde. Ahora pudo el monarca regresar a la plaza fuerte y la ciudad recuperó la capitalidad del reino. En los años venideros, el rey solo pudo recuperar un puñado de fortalezas, hasta que en 1321 murió Csák, y con él su vasto imperio. Sin hijos, descendencia, ni sucesor, el rey Carlos Roberto dijo, todo para mí e incorporó los antiguos dominios de Mateo a la Santa Corona Húngara, restableciendo la autoridad (y la unidad).


La vida de Mateo Csák fue una carrera de fondo en pos del poder omnímodo. Una persona ambiciosa, con pocos escrúpulos, un fascinante personaje de la historia medieval húngara. El oligarca más poderoso de la Alta Hungría, nunca sometido ni sojuzgado, nunca derrotado ni desposeído. Se enfrentó a la nobleza, a la alta jerarquía eclesiástica y a la monarquía. Nadie pudo con él.


sábado, 16 de abril de 2016

IGLESIA DE MATÍAS.



La colina de Buda es el enclave original de Budapest, celebrada su belleza con el apelativo de “Reina del Danubio”. El Bastión de los Pescadores es uno de los grandes atractivos que ofrece la urbe, siempre animado y concurrido. Muy cerca se sitúa la Iglesia de Matías – Matyas templom – el templo católico histórico de Budapest.


La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora – advocación auténtica – fue levantada durante la Baja Edad Media. Fundada en 1255 por Bela IV, los trabajos se prolongaron entre el siglo XIII y XV. Buena parte de la construcción data del reinado de Segismundo de Luxemburgo, aunque ha quedado vinculada con el rey Matías (de ahí el nombre por el que es conocida), que encargó la ampliación del edificio. En 1458 tras su coronación se celebró aquí una multitudinaria Misa de Acción de Gracias.


Durante un tiempo fue el lugar de coronación de los reyes húngaros. En 1309 fue coronado aquí Carlos Roberto de Anjou, primer rey húngaro tras la desaparición de la histórica dinastía de Arpad. Su interior guarda una réplica del Orbe de San Esteban, el Cetro y la Santa Corona, los elementos simbólicos del ceremonial.


También fue coronada en este templo Sissi Emperatriz, que gozó del amor del pueblo húngaro. 


Los muros interiores de las iglesias húngaras aparecen siempre policromados, ofreciendo a los feligreses vívidas imágenes de la historia del país.



Un interminable fresco que se extiende por paredes, bóvedas y cúpulas. Nada que ver con la monotonía de la piedra desnuda de nuestras iglesias.



Los otomanos conquistaron la ciudad y transformaron la iglesia en mezquita. Es por este motivo que muchos elementos originales han desaparecido.


Los avatares de la ciudad pasaron factura a la iglesia que fue reconstruida por los franciscanos en estilo barroco y a finales del siglo XIX vuelta a restaurar siguiendo la moda del momento; el neogótico.


El altar mayor es el corazón espiritual de la iglesia.


Capilla de San Emeric, hijo de San Esteban, al que la muerte le llegó en la incompleta juventud.


En el año 1860 se trasladaron desde la desaparecida basílica de Szekesfehervar los cuerpos del rey Bela III y su esposa Inés de Chatillón.


El ciervo es uno de los animales simbólicos y totémicos de los magiares desde los tiempos en que cabalgaban libremente por las estepas.




Capilla del rey San Ladislao – Szent Laszlo.


Rematando una de las puntiagudas cúpulas el cuervo, símbolo de la poderosa familia Hunyadi, a la que pertenecía el rey Matías.




domingo, 31 de enero de 2016

BATALLA DE POSADA.



La batalla de Posada (1330) marca de alguna manera el origen del principado medieval de Valaquia, que con el tiempo se convirtió en uno de los territorios que formaron el estado rumano. En el fondo, la Batalla de Posada es un hito más, recurriendo al lenguaje algebraico un punto de inflexión, en el proceso de formación de dicho estado. No pocos estados arrancan su existencia tras una victoria en batalla, si los astures, por ejemplo, tuvieron su Covadonga (extendida más tarde a toda la España cristiana), los valacos tienen esta batalla vinculada a la figura de Basarab I.


En otoño de ese 1330, una fecha histórica para el pueblo valaco-rumano, Basarab I, llamado el Fundador, derrotó al ejército húngaro en la Batalla de Posada (Posadai csata , Batalia de la Posada), pero el conflicto comenzó un poco antes. El voivoda valaco estaba dispuesto a aprovecharse de la inestabilidad que se había apoderado de Hungría tras la extinción de la dinastía de Arpad. En 1324 tenemos a Basarab bajo la autoridad del monarca Carlos I Roberto, al que debía fidelidad y tributo. Los siguientes años, Basarab conquista Turnu Severín, las relaciones entre ambos se van enfriando, hasta que el voivoda valaco se niega a seguir pagando tributo.

Dos miembros de la aristocracia húngara instigaron al monarca a lanzar la campaña contra Basarab I. Estos nobles eran Dénes Szécsi, que pretendía obtener la fortaleza y el distrito de Sverin, y el voivoda de Transilvania, Tomás Szécsényi, que ambicionaba controlar las tierras de Valaquia. El rey entonces, totalmente convencido, inicia una expedición de reconquista y de castigo a su vasallo rebelde.

En septiembre de 1330 el rey prepara a su ejército, y otorga el mando de la caballería a István Lackfi. Unos treinta mil hombres penetran en territorio transilvano, conquistan Banatul de Severín, entran en Timisoara y avanzan hacia Oltenia. La táctica de retirada y tierra quemada puesta en práctica por Basarab provocó serías hambrunas entre los invasores.




Entonces Basarab decide emplear la diplomacia. Envía un emisario a Carlos I Roberto, ofreciéndole plata, la Cetatea Severinlui y a un hijo que enviaría a Hungría en calidad de rehén, como garantía de buenas intenciones. Carlos rechaza la oferta de paz, añadiendo con desdén que “Basarab es únicamente el pastor de mis ovejas”. La Chronicon Pictum, documenta e ilustra esta entrevista y el desarrollo de la batalla.


Los valacos atraen al ejército más hacia el interior, a un estrecho valle, donde fueron prácticamente masacrados (y humillados). Un primer ataque en el monte cortó la marcha a las tropas, y posteriormente lanzaron un segundo ataque demoledor y decisivo. A los 30.000 hombres del ejército húngaro, los valacos solo pudieron oponer unos 10.000 individuos, que equilibraron su inferioridad numérica utilizando la montaña como aliada. Este modesto ejército estaba formado por caballería ligera (probablemente la guardia personal de Basarab), arqueros a pie y campesinos escasamente armados.

Lienzo de Jozsef Molnar, Dezso se sacrifica para salvar a su rey.
Fueron cuatro días de lucha (9 – 12 de noviembre) y el rey Carlos pudo huir a duras penas, intercambiando la armadura con uno de sus vasallos. La famosa Chronicon Pictum finaliza con esta batalla, una de las más dolorosas que sufrieron los húngaros en esta época. Entre las víctimas se contabilizó un elevado número de nobles.


Los historiadores no han podido establecer el punto exacto donde tuvo lugar la batalla, aunque lo más probable es que los valacos emboscaron al ejército húngaro en una región comprendida entre Oltenia y Severín. Por otro lado en las fuentes medievales no aparece el apelativo Posada. Este nombre fue introducido por el historiador rumano Nicolae Iorga a principios del siglo XX.

Para el protoestado valaco, la victoria significó continuar con el proceso de independencia respecto de Hungría, comenzado, entre otros por Litovoi o el legendario Radu Negru , y que sería consolidado por los sucesores de Basarab, como Nicolae Alejandro o Vlaicu Voda .

Posada fue también un momento decisivo para Hungría, esta derrota le obligó a abandonar su ambicioso proyecto de extender el reino hasta el mar Negro.

Mircea Eliada, el gran erudito rumano, escribe lo siguiente sobre la repercusión de Posada en su obra “Bajo el signo de Zalmoxis”: “En efecto, desde que el pequeño principado de Valaquia (Muntenia), fundado y fortificado por la enérgica familia de los Basarab, conquistó la independencia y repelió la soberanía húngara, después de haber aniquilado en 1330 al ejército de Carlos Roberto de los Cárpatos, asistimos a la rápida expansión del Estado naciente en dirección al estuario del Danubio y del mar Negro. A fines del siglo XIV, el príncipe de Muntenia se intitulaba señor de las dos orillasa de todo el Danubio, hasta el Gran Mar”.

Basarab I en Curtea de Arges.
Otro reputado historiador rumano, Matei Cazacu, describe las causas, la batalla y las consecuencias en el libro Vlad III Drácula. Vida y leyenda de el Empalador, príncipe de Valaquia. “Por entonces, Carlos Roberto llamaba nuestro voievod a Basarab, expresión que no podemos definir con mayor precisión. En 1330, Basarab ocupó la fortaleza de Severin a orillas del Danubio, en Oltenia, y el rey lo conminó de inmediato a cedérsela. Ante el rechazo del príncipe valaco, Carlos Roberto emprendió una campaña militar y amenazó a su vasallo “pastor de ovejas”, con arrancarlo de su covacha meciéndole las barbas. Cuando el rey invadió Valaquia con su ejército, el hábil Basarab negoció un tratado de paz por el que renunciaba a su conquista y se comprometía a pagar siete mil marcos de plata en concepto de compensaciones, suma considerable que representaba el equivalente a una tonelada y media de plata, a setenta y cuatro kilogramos de oro o veintiún mil florines de oro. Esta promesa determinó al rey de Hungría a dar media vuelta, dejando en el trono a su turbulento vasallo, tras incendiar su residencia de Curtea de Argés, en las colinas de los Cárpatos.

Sin embargo, en un desfiladero de esos mismos Cárpatos, las tropas de Basarab atacaron por sopresa al ejército húngaro que, rodeado por todas partes, sufrió graves pérdidas (9-11 noviembre de 1330). El rey debió su salvacióN únicamente a la circunstancia de que intercambió armaduras con uno de sus vasallos. Nobles, caballeros y obispos húngaros cayeron bajo las flechas y lsa piedras lanzadas por los valacos desde lo alto del desfiladero. Se perdió incluso el esllo de oro con las armas reales; y los restos del ejército sufrieron lo indecible para encontrar refugio en Transilvania. Basarab conservó Oltenia, que según parece recibió como prebenda su hijo, asociado al trono a partir de 1342".

El irlandés, inmortal al igual que su criatura, Bram Stoker, parecía conocer, siquiera en esencia, la Batalla de Posada, o al menos, la forma de combatir de los valacos, a juzgar por este pasaje de su novela Drácula.

“En la antigüedad hubo tiempos agitados, cuando los austríacos y húngaros llegaban en hordas y los patriotas salían a enfrentárseles, hombres y mujeres, ancianos y niños, esperaban su llegada entre las rocas arriba de los desfiladeros para lanzarles destrucción y muerte a ellos con sus aludes artificiales”.


Valacos cabreados con las intromisiones del monarca húngaro, deciden parapetarse tras los riscos, y atrincherados en viejas montañas, que tan solo el agua paciente de pequeños ríos, se atreve a franquear. Estos hombres y mujeres dieron forma, consistencia y personalidad al principado de Muntenia (Valaquia). Pero en estos casos siempre surge el mismo interrogante, ¿quién era el máximo interesado?, ¿el campesino o el boyardo?, ¿el pueblo o el voivoda?.