domingo, 31 de enero de 2016

BATALLA DE POSADA.



La batalla de Posada (1330) marca de alguna manera el origen del principado medieval de Valaquia, que con el tiempo se convirtió en uno de los territorios que formaron el estado rumano. En el fondo, la Batalla de Posada es un hito más, recurriendo al lenguaje algebraico un punto de inflexión, en el proceso de formación de dicho estado. No pocos estados arrancan su existencia tras una victoria en batalla, si los astures, por ejemplo, tuvieron su Covadonga (extendida más tarde a toda la España cristiana), los valacos tienen esta batalla vinculada a la figura de Basarab I.


En otoño de ese 1330, una fecha histórica para el pueblo valaco-rumano, Basarab I, llamado el Fundador, derrotó al ejército húngaro en la Batalla de Posada (Posadai csata , Batalia de la Posada), pero el conflicto comenzó un poco antes. El voivoda valaco estaba dispuesto a aprovecharse de la inestabilidad que se había apoderado de Hungría tras la extinción de la dinastía de Arpad. En 1324 tenemos a Basarab bajo la autoridad del monarca Carlos I Roberto, al que debía fidelidad y tributo. Los siguientes años, Basarab conquista Turnu Severín, las relaciones entre ambos se van enfriando, hasta que el voivoda valaco se niega a seguir pagando tributo.

Dos miembros de la aristocracia húngara instigaron al monarca a lanzar la campaña contra Basarab I. Estos nobles eran Dénes Szécsi, que pretendía obtener la fortaleza y el distrito de Sverin, y el voivoda de Transilvania, Tomás Szécsényi, que ambicionaba controlar las tierras de Valaquia. El rey entonces, totalmente convencido, inicia una expedición de reconquista y de castigo a su vasallo rebelde.

En septiembre de 1330 el rey prepara a su ejército, y otorga el mando de la caballería a István Lackfi. Unos treinta mil hombres penetran en territorio transilvano, conquistan Banatul de Severín, entran en Timisoara y avanzan hacia Oltenia. La táctica de retirada y tierra quemada puesta en práctica por Basarab provocó serías hambrunas entre los invasores.




Entonces Basarab decide emplear la diplomacia. Envía un emisario a Carlos I Roberto, ofreciéndole plata, la Cetatea Severinlui y a un hijo que enviaría a Hungría en calidad de rehén, como garantía de buenas intenciones. Carlos rechaza la oferta de paz, añadiendo con desdén que “Basarab es únicamente el pastor de mis ovejas”. La Chronicon Pictum, documenta e ilustra esta entrevista y el desarrollo de la batalla.


Los valacos atraen al ejército más hacia el interior, a un estrecho valle, donde fueron prácticamente masacrados (y humillados). Un primer ataque en el monte cortó la marcha a las tropas, y posteriormente lanzaron un segundo ataque demoledor y decisivo. A los 30.000 hombres del ejército húngaro, los valacos solo pudieron oponer unos 10.000 individuos, que equilibraron su inferioridad numérica utilizando la montaña como aliada. Este modesto ejército estaba formado por caballería ligera (probablemente la guardia personal de Basarab), arqueros a pie y campesinos escasamente armados.

Lienzo de Jozsef Molnar, Dezso se sacrifica para salvar a su rey.
Fueron cuatro días de lucha (9 – 12 de noviembre) y el rey Carlos pudo huir a duras penas, intercambiando la armadura con uno de sus vasallos. La famosa Chronicon Pictum finaliza con esta batalla, una de las más dolorosas que sufrieron los húngaros en esta época. Entre las víctimas se contabilizó un elevado número de nobles.


Los historiadores no han podido establecer el punto exacto donde tuvo lugar la batalla, aunque lo más probable es que los valacos emboscaron al ejército húngaro en una región comprendida entre Oltenia y Severín. Por otro lado en las fuentes medievales no aparece el apelativo Posada. Este nombre fue introducido por el historiador rumano Nicolae Iorga a principios del siglo XX.

Para el protoestado valaco, la victoria significó continuar con el proceso de independencia respecto de Hungría, comenzado, entre otros por Litovoi o el legendario Radu Negru , y que sería consolidado por los sucesores de Basarab, como Nicolae Alejandro o Vlaicu Voda .

Posada fue también un momento decisivo para Hungría, esta derrota le obligó a abandonar su ambicioso proyecto de extender el reino hasta el mar Negro.

Mircea Eliada, el gran erudito rumano, escribe lo siguiente sobre la repercusión de Posada en su obra “Bajo el signo de Zalmoxis”: “En efecto, desde que el pequeño principado de Valaquia (Muntenia), fundado y fortificado por la enérgica familia de los Basarab, conquistó la independencia y repelió la soberanía húngara, después de haber aniquilado en 1330 al ejército de Carlos Roberto de los Cárpatos, asistimos a la rápida expansión del Estado naciente en dirección al estuario del Danubio y del mar Negro. A fines del siglo XIV, el príncipe de Muntenia se intitulaba señor de las dos orillasa de todo el Danubio, hasta el Gran Mar”.

Basarab I en Curtea de Arges.
Otro reputado historiador rumano, Matei Cazacu, describe las causas, la batalla y las consecuencias en el libro Vlad III Drácula. Vida y leyenda de el Empalador, príncipe de Valaquia. “Por entonces, Carlos Roberto llamaba nuestro voievod a Basarab, expresión que no podemos definir con mayor precisión. En 1330, Basarab ocupó la fortaleza de Severin a orillas del Danubio, en Oltenia, y el rey lo conminó de inmediato a cedérsela. Ante el rechazo del príncipe valaco, Carlos Roberto emprendió una campaña militar y amenazó a su vasallo “pastor de ovejas”, con arrancarlo de su covacha meciéndole las barbas. Cuando el rey invadió Valaquia con su ejército, el hábil Basarab negoció un tratado de paz por el que renunciaba a su conquista y se comprometía a pagar siete mil marcos de plata en concepto de compensaciones, suma considerable que representaba el equivalente a una tonelada y media de plata, a setenta y cuatro kilogramos de oro o veintiún mil florines de oro. Esta promesa determinó al rey de Hungría a dar media vuelta, dejando en el trono a su turbulento vasallo, tras incendiar su residencia de Curtea de Argés, en las colinas de los Cárpatos.

Sin embargo, en un desfiladero de esos mismos Cárpatos, las tropas de Basarab atacaron por sopresa al ejército húngaro que, rodeado por todas partes, sufrió graves pérdidas (9-11 noviembre de 1330). El rey debió su salvacióN únicamente a la circunstancia de que intercambió armaduras con uno de sus vasallos. Nobles, caballeros y obispos húngaros cayeron bajo las flechas y lsa piedras lanzadas por los valacos desde lo alto del desfiladero. Se perdió incluso el esllo de oro con las armas reales; y los restos del ejército sufrieron lo indecible para encontrar refugio en Transilvania. Basarab conservó Oltenia, que según parece recibió como prebenda su hijo, asociado al trono a partir de 1342".

El irlandés, inmortal al igual que su criatura, Bram Stoker, parecía conocer, siquiera en esencia, la Batalla de Posada, o al menos, la forma de combatir de los valacos, a juzgar por este pasaje de su novela Drácula.

“En la antigüedad hubo tiempos agitados, cuando los austríacos y húngaros llegaban en hordas y los patriotas salían a enfrentárseles, hombres y mujeres, ancianos y niños, esperaban su llegada entre las rocas arriba de los desfiladeros para lanzarles destrucción y muerte a ellos con sus aludes artificiales”.


Valacos cabreados con las intromisiones del monarca húngaro, deciden parapetarse tras los riscos, y atrincherados en viejas montañas, que tan solo el agua paciente de pequeños ríos, se atreve a franquear. Estos hombres y mujeres dieron forma, consistencia y personalidad al principado de Muntenia (Valaquia). Pero en estos casos siempre surge el mismo interrogante, ¿quién era el máximo interesado?, ¿el campesino o el boyardo?, ¿el pueblo o el voivoda?.


lunes, 28 de diciembre de 2015

SOBRE LA REGIÓN DE TRANSILVANIA POBLADA POR TEUTONES, SÍCULOS Y VALACOS.



La región de Transilvania está situada al otro lado del Danubio y antaño la poblaron los dacos, nación fiera y famosa por las muchas derrotas que infligió a los romanos. En nuestra época habitan en ella tres razas: teutones, sículos y valacos. Los teutones, recios y duchos en la guerra, son originarios de Sajonia y reciben en su lengua la denominación de “sibenburgenses” porque viven en siete ciudades. Los sículos se cree que son los más antiguos de los húngaros, los primeros de todos los que desde la antigua Hungría vinieron a esta comarca. Por esta razón, aunque cultivan los campos con sus propias manos, dedicándose a la agricultura y la ganadería, se les considera pese a todo nobles. Cuando se cruzan se saludan unos a otros llamándose “noble señor” y no pagan tributo salvo el año que se corona el rey de Hungría. Ese años, todos y cada uno de los padres de familia entregan al rey de Hungría. Ese año, todos y cada uno de los padres de familia entregan al rey los bueyes que sean necesarios para contemplar un número que dicen que sube de sesenta mil. En cambio si los ponen en pie de guerra y no obedecen, lo pagan con la pena capital y la confiscación de sus bienes. Los valacos son de estirpe itálica, como poco después explicaremos. Pese a ello, pocos hombres ilustrados hallarás en Transilvania que desconozcan la lengua de los húngaros.
La Europa de mi tiempo.
Eneas Silvio. Siglo XV.


lunes, 14 de diciembre de 2015

VALAQUIA



Valaquia es una región bastante extensa que arranca de Transilvania y llega hasta el Ponto Euxino. Casi toda ella es llana y falta de agua. Su parte meridional la marca el Istro, la septentrional la ocupan los roxolanos, llamados hoy en día rutenos, y hacia el río Dniéster se halla la raza nómada de los escitas que al presente llamamos tártaros. Esta tierra la poblaron antaño los getas, aquellos que pusieron en fuga de modo deshonroso a Darío el hijo de Histapes, capturaron vivo al rey Lisímaco y causaron en Tracia muchas matanzas. Al final, fueron domeñados y destruidos por los ejércitos romanos. Una colonia romana, para que mantuviera a raya a los dacos, se instaló allí bajo el mando de un tal Flaco, por el que vino a llamarse Flaquia. Luego, al correr de los siglos, se corrompió como suele el vocablo y vino a parar en “Valaquia” y en lugar de flacos sus habitantes recibieron el nombre de valacos. La lengua de esta nación es todavía romance, pero muy alterada y apenas inteligible para el nacido en Italia. Hubo por estos tiempos nuestros en Valaquia dos facciones, la de los danos y la de los drágulas. Estos últimos, como eran menos fuertes que los danos, que los maltrataban de mil modos, llamaron en su ayuda a los turcos y con el apoyo de sus ejércitos aplastaron a los danos casi hasta el exterminio. Pero Juan Huniades, contando con el poderío de los húngaros, les prestó apoyo, si bien aquello no fue tanto redimirlos como ganar fama y riquezas ya que, en beneficio propio y de sus herederos tomó posesión a perpetuidad de los campos rescatados del turco. Los valacos pueblan también algunas islas del Istro, entre las que se cuenta Peuce, famosa entre los antiguos, y asimismo tienen asentamientos en Tracia. Parte de Valaquia está sometida a los turcos y parte de los húngaros.
La Europa de mi tiempo.
Eneas Silvio. Siglo XV.


jueves, 10 de diciembre de 2015

EUROPA ¿UN PROYECTO IMPOSIBLE?



Europa (un simple apéndice de la gigantesca Eurasia) es un imposible, un proyecto frustrante, destinado al fracaso. Un aborto, un no nato. El inglés va a lo suyo. El alemán lo quiere todo. El húngaro es húngaro. El belga son dos belgas. El eslavo es muchos eslavos. El francés es francés. Y el español, ni siquiera sabe lo que quiere ser. Los españoles somos una pequeña Europa, dividida en dos bandos antagónicos, inmiscibles e irreconciliables; azules y rojos (transmutados también en morados y naranja), católicos y ateos, monárquicos y republicanos, donde el catalán es catalán, el gallego gallego, y el murciano, murciano, y sentirse español es una rémora del fascismo más trasnochado. Demasiado ego (como cantaba Charli García, un europeo nacido en otro continente). Demasiadas personalidades (cada una con sus propios vaivenes emocionales) para ser integradas en un proyecto común viable. Por no hablar de la Europa extracomunitaria – casi enteramente balcánica – destinada, por desgracia, a un conflicto interminable (otra tierra que jamás conocerá la paz), Serbia, Bosnia i Herzegovina, Montenegro, Albania, Kosovo y Macedonia, y dos potencias (exiguas, agotadas, anquilosadas y enfrentadas) que nunca han tenido muy claro si eran europeas, asiáticas, ambas cosas o ninguna, el gigante ruso y el indefinible otomano.

Ni el Sacro Imperio, ni la Hansa, ni la Unión Europea (heredera de un más práctica y realista CEE) poseyeron nunca la credibilidad suficiente. Muchos intereses particulares, un bien común utópico, una pretendida unión basada en fuerzas centrífugas, comandadas por gerifaltes paletos incapaces de ver más allá de los límites de su feudo (léase coto particular de caza). Son esos mismos que dibujan fronteras con sangre (desterrando la tinta y la palabra) mientras que un pueblo indolente (y acrítico) las cree, las acepta como propias y las defiende a muerte. Un pueblo tan obeso que se volvió impotente, tanta grasa y no se nos levanta. (Ni luchamos, ni fornicamos).

La cacareada Pax Romana devino en torre de Babel, más diversa, más libre, más auténtica. Murió Roma, que había nacido matando, cimentando un imperio sobre cráneos masacrados, destruyó la heterogeneidad e impuso la primera globalización. Murió el emperador y el Papa se sentó en su trono. Los dioses con pasiones humanas, que tenían nombres y apellidos, apetitos y decepciones, sucumbieron ante la luz divina (e impersonal) de un dios todopoderoso. Murió Roma y resucitaron (mejor dicho despertaron) todas las atávicas diferencias entre Septentrión y el Mediterráneo, entre la Gran Llanura y los pequeños valles, entre Poniente y Levante, entre los campesinos y los jinetes nómadas, entre la nobleza y la burguesía. Sobre cuerpos descompuestos y tradiciones olvidadas (e inventadas) fueron surgiendo feudos, reinos, coronas, estados y a partir del siglo XIX, de la mano del Romanticismo, los nacionalismos (racistas, intolerantes y xenófobos). Era necesario encontrar en los libros de historia aquellos elementos que nos hacía diferentes (y mejores) que los vecinos. Si no aparecía, los reinventábamos. La creencia radical, irracional y fanática en esos nacionalismos causó más muertes (y las sigue causando) que cualquiera de las grandes religiones. Entre 1914 y 1945 caminamos al borde del abismo, estuvimos a punto de aniquilarnos. Tras la tempestad llegó la calma, se creo la CEE y como ahora estaba feo el odiarnos (y decirlo), trasladamos las enconadas rivalidades de los campos de batalla a los campos de fútbol. Los hooligans ataviados con pinturas de guerra, enseñas y cánticos, llevan setenta años paseando por la ultramoderna Europa, la creencia vigente (le pese a quien le pese) que ser inglés es mejor que ser alemán, que España fracasó en su intento de invadir el Reino Unido o que los albaneses no apoyaron a los serbios en la celebérrima batalla de Kosovo (1389).


Quien lea esto pensará (con razón) que estoy exagerando, que el futuro no es tan oscuro, que el ser humano es mejor ahora que hace cien años y que el sueño Europeo es factible. Sin embargo, mi esencia nihilista y pesimista (en lo relativo al progreso humano) me hace pensar que lo que nos mantiene unidos, no es la afinidad ni la buena voluntad ni la solidaridad, sino el egoísmo, una pizca de miedo y sobretodo tener el estómago lleno. Solo espero que no volvamos a pasar hambre y sentir en mis carnes que tenía razón.  

miércoles, 2 de diciembre de 2015

SARMIZEGETUSA ULPIA TRAIANA.




Colonia Ulpia Traiana Dacia Sarmizegetusa, situada a los pies de las impresionantes montañas carpáticas, es la ciudad romana, con nombre dacio, por el emperador Trajano. Aquí asentó el hispalense a sus veteranos de la guerra dáciaca, y la convirtió en la capital de la provincia. Trajano nació en Itálica, muy cerca de Sevilla, y fue el primer provinciano en ser proclamado emperador en Roma. Una vez sentado en el trono decidió agrandar el Imperio y acometió la conquista de la agreste tierra de Dacia, a grandes rasgos, la Rumanía actual. Sin tener necesidad de tanto, yo, un chico gaditano, me conformo con seguir algunas de sus huellas por Dacia. 

Trajano cruzó el Danubio al frente de sus legiones, destruyó la fortaleza de Decébalo en los montes Orastie, y robó su nombre. ¡Malditos vencedores!. Ahora su colonia, su nueva fundación se llamaba igual que la principal ciudad de la Dacia. De esta manera en la Rumanía actual conviven las ruinas de dos ciudades llamadas Sarmizegetusa; la capital de Decébalo y la colonia de Trajano.


“Ubicunque vicit Romanus, habitat”, con esta certera afirmación (que la historia pudo convertir en una máxima) Séneca condensó el pilar básico de la romanidad: allí donde los legionarios consiguen la victoria, el romano planta su hogar. Y para transformar una tierra extraña y hostil en hogar construyen ciudades a imagen y semejanza de la Urbs, Roma.


El emperador quiso compensar el gran esfuerzo y los enormes gastos que supusieron la conquista de Dacia, con una rápida, eficas y total asimilación del territorio recién conquistado con una intensa romanización. Estas poblaciones de nueva planta serán el principal vehículo para era integración dentro del mundo cultural latino. “Roma en este territorio se va a caracterizar fundamentalmente por ser el motor impulsor de un proceso urbanístico al estilo mediterráneo sin precedentes en la zona, que no había vivido un fenómeno semejante, salvo por la presencia de algunas ciudades de tradición griega en las inmediaciones del mar Negro” (Bermejo Meléndez y otros; Trajano fundador. El último impulso colonizador del imperio).


El legado de la zona, y primer gobernador de la provincia, Decimus Terentius Scaurianus fundó en el año 106, la Colonia Ulpia Traiana Augusta Dacica Sarmizegetusa, no en la montaña, sino en la llanura, en un estratégico nudo de comunicaciones, asentando en ella a los veteranos de las guerras dácicas. Sarmizegetusa es la única ciudad fundada por Trajano en Dacio, y es en la actualidad la mejor conocida del país. Desde un principio se convirtió en un símbolo de la presencia romana en la región y cuando, con la provincia pacificada, el poder político imperial basculó hacia Apullum, la Colonia empezó a destacar como el centro aglutinador del culto imperial.


El territorio circundante a esta urbe se articulará en pagi – una unidad administrativa que forma parte de una colonia o municipio - y numerosos vici – poblaciones que surgen de forma espontanea, desempeñando un papel decisivo en casi todas las fundaciones posteriores de Roma en Dacia. En ese sentido destaca el desarrollo de la población de Apullum, que terminaría siendo la sede del gobierno provincial, y con la que siempre mantuvo una recurrente rivalidad.


Foro, muralla y anfiteatro, los mismos elementos en todos los rincones del Orbe Mediterráneo, incluso en regiones tan alejadas como esta, al norte del gran río Danubio. Sarmizegetusa con 22'5 hectáreas presenta el típico trazado en torno a dos ejes perpendiculares, el Cardo y el Decumano. Paseando por sus ruinas podemos distinguir claramente dos áreas perfectamente delimitidas, una al estilo del campamento de la legión rodeada por una muralla, y otra que se extiende más allá de los límites que marcan esos muros.


Una vez que hemos pasado por taquilla lo primero que nos encontramos es el anfiteatro que acogía las luchas de gladiadores, sin duda el edificio más espectacular de cuantos se mantienen en pie, con capacidad para cinco mil espectadores. Los juegos circenses eran a la antigua Roma lo que el fútbol a nuestro mundo. 


El complejo lúdico se completa con una escuela de gladiadores y un pequeño templo dedicado a Némesis. De la misma forma que el torero reza en la capilla antes de saltar al coso, el fornido gladiador se arrodilla ante Némesis en los momentos previos al combate.


En la época de las invasiones, mucho tiempo después que Roma se replegara y abandonase Dacia, los habitantes utilizaron el anfiteatro como fuerte para defenderse de las incursiones de los godos, de forma similar a lo que sucedió en los anfiteatros de Arles o de Cartagonova. El resto de edificios de la ciudad, como en tantas ruinas, sirvieron de cantera. Los vecinos venían aquí para hacer provisiones de piedra y sillares para levantar otras construcciones. En esa ocasión la acción humana aceleró el proceso de ruina.


A escasos metros del anfiteatro encontramos un área con tres templos, dedicados a Liper Pater, una divinidad itálica asimilado a Dionisio, protector de las vides, a Esculapio, protector de las artes médicas y la basílica del Templo.


El perímetro de la muralla acoge en su interior un trazado ortogonal que es estructura a partir del cardo y el decumano, y que tiene en el foro su centro neurálgico. Las excavaciones realizadas han permitido probar la existencia de tres foros superpuestos construidos con materiales diferentes: mármol, piedra y madera. Alrededor de este espacio se disponían los edificios típicos: la basílica, la curia, el aerarium, el tabularium y diferentes estancias para los diversos collegia que existían en la población.


El palacio del procurador provincial de la Dacia Apulensis fue uno de los edificios más importantes de Sarmizegetusa. En el edificio se disponían varias diferentes estancias como oficinas, que contaban con un sencillo sistema termal.


En el interior de la muralla se ha podido constatar la existencia de varias domus e insulae, así como hasta unas quince villas en los alrededores del núcleo urbano. Y como en todas las ciudades romanas no podían faltar las omnipresentes termas.


Roma crea un desierto y lo llama paz. Trajano y sus legiones destruyen la capital de Dacia, la auténtica (sagrada y regia) Sarmizegetusa, enclavada en los Cárpatos, y una vez sometida la región, fundó otra Sarmizegetusa, esta vez en la llanura, para regalar un hogar a sus esforzados veteranos. Sarmizegetusa Trajana fue desde su origen el eje principal de la presencia romana en la Dacia, que andando el tiempo devino en elemento imprescindible para la forja de la personalidad y la nacionalidad rumanas.


viernes, 20 de noviembre de 2015

Y FUE DECAPITADO JUNTO A SU TUMBA.



Vlad III de Valaquia, el popular “Empalador” es protagonista de truculentas historias para no dormir, y aunque parezca que esas leyendas son fruto de las morbosas mentes de un atormentado y depauperado siglo XXI, ya circulaban por Europa a mediados del siglo XV. Algunas de ellas en vida del susodicho personaje. Una de esas atrocidades es la cruel ejecución de un rival por el trono, Dan III. 

Corría el año 1460 y Vlad Drácula era voivoda de Valaquia, pero contaba con la fuerte oposición (ganada a pulso) de los sajones de Transilvania y del rey de Hungría Matías Corvino. Los burgueses de Brasov tenían su propio candidato, al que también veía con buenos ojos el monarca húngaro, un miembro del clan danesti llamado para mayor redundancia Dan. Este Dan es conocido por la historiografía rumana como Dan III. Unos y otro dieron apoyo, dinero y armas a este advenedizo pretendiente al trono. 

Dan III esperó la llegada del deshielo para cruzar la frontera e invadir Valaquia. Las experimentadas tropas de Vlad no tuvieron excesivos problemas para desbaratar el ejército asaltante y capturar a su líder. Vlad el Empalador preparó una ejecución digna de la noble cuna de su enemigo. Dan III, como todo aristócrata en sus circunstancias, fue decapitado. Eso sí, después de cavar una tumba y asistir a su propio funeral. 

“Item encarceló al joven Dan e hizo leer el servicio de difuntos por sus sacerdotes; una vez realizado ello, hizo cavar una tumba según la costumbre cristiana y lo decapitó junto a su tumba”. (De un panfleto anónimo alemán de 1463 Geschichte Dracole Waide). 



lunes, 16 de noviembre de 2015

HERMAN II, CONDE DE CELJE.



Herman de Celje (Cillei en húngaro) fue uno de los más firmes aliados del emperador Segismundo de Luxemburgo , además de suegro y consejero. La familia Celje es originaria de Eslovenia, al sur de Maribor, y Herman se ganó la confianza del rey Segismundo después de la batalla de Nicópolis (1396), cuando salvó la vida al Luxemburgo, ayudandolo a abandonar el campo de batalla en una barquita de pescadores, después de sufrir una aplastante derrota frente al turco. Como recompensa Segismundo cedió a Herman el distrito de Varzdin y algunas posesiones en la frontera entre Eslovenia y Croacia. El noble esloveno siempre se mantuvo fiel al húngaro, y cuando este enviudó, le entregó a su hija Bárbara en matrimonio. Después de la boda Herman fue nombrado ban de Croacia, Dalmacia y Eslavonia, territorios que dependían en esta época de la Corona Húngara, y se convirtió en el magnate más notable de tierras croatas. Otras de sus hijas, de nombre Ana, se casó con Nicolás Garai el Joven, que ocupaba el cargo de Nádor . Como hombre de confianza de Segismundo Herman II se cuenta entre los fundadores de la Orden del Dragón. Herman mantuvo también buenas relaciones con el rey de Bosnia, Tvrtko II (sin esposa ni hijos) hasta el punto de ser nombrado heredero al trono bosnia. Sin embargo, Herman murió antes que Tvrtko II.  

domingo, 8 de noviembre de 2015

BÁRBARA DE CELJE, MUSA DE LA ORDEN DEL DRAGÓN.



Emperatriz, ninfómana, nigromante y musa de la Orden del Dragón. 

El emperador Segismundo de Luxemburgo, que era también rey de Hungría, fundó la Orden del Dragón para luchar contra los turcos. El ideólogo y maestro de ceremonias era Abramelín el Mago, poseedor de los secretos de la Magia Póstuma. El emperador y rey estaba casado con una hermosa y fogosa mujer de la nobleza llamada Bárbara de Celje. 

Segismundo estaba perdidamente enamorado de Bárbara, y cayó víctima de la locura cuando la muerte le arrebató a la joven. Siguiendo las instrucciones de Abramelín, Segismundo celebró una ceremonia secreta de Magia Póstuma para devolver la vida a Bárbara. En el ritual no faltó la sangre, y hay quien lo vincula directamente con la cadena vampírica que se originó en Egipto y atravesó parte de la Vieja Europa. 

Cuentan que Bárbara disfrutaba de una vida disoluta y que contaba con cientos de amantes, pero su dominio de las artes del Amor consiguieron que Segismundo siguiese siempre a su lado. Bárbara presidía junto a Segismundo las sesiones y reuniones de la orden, y recibía la sincera veneración de los caballeros de la Orden, como el valaco Vlad Dracul, el padre del famoso Vlad el Empalador. 

miércoles, 21 de octubre de 2015

DEVSHIRME.




El “devshirme” era una institución turca otomana desarrollada en época de Murad II, encaminada a crear una guardia de corps completamente leal al Sultán y a la Sublime Puerta. El devshirme se basaba en el reclutamiento forzoso de jóvenes cristianos destacados, hijos de vasallos y de príncipes, de señores y de campesinos sometidos, originarios principalmente en los Balcanes. Estos jóvenes cristianos eran separados de su familia, trasladados a territorio turco, convertidos al Islam, instruidos e incorporados al ejército. Algunos de ellos ganaron gran reputación luchando, paradójicamente, contra el turco, como el infame Vlad el Empalador , o el señor albanés Jorge Castriota "Skanderbeg" .... otros por el contrario prestaron grandes servicios al Imperio. Obligados a jurar fidelidad vitalicia, eran utilizados para contrarrestar el creciente poder de la abolenga aristocracia turca. Mehmet II, sin ir más lejos, se apoyó en ellos para enfrentarse a sus enemigos íntimos, y de paso fortalecer su poder. 

Cada cinco años, los muchachos cristianos entre diez y quince años debían presentarse ante los funcionarios que realizaban la selección en la zona europea. Los más cualificados eran elegidos para el servicio, y el número solía oscilar entre 2.000 y 12.000, de acuerdo con las necesidades del momento. Los chicos seleccionados eran sometidos a un durísimo programa de integración total. Eran desvinculados de sus familias, aprendían turco, y según sus aptitudes (y actitudes) podían acceder a cualquier puesto de la corte, incluido el de Gran Visir. La mayoría se alistaban en el cuerpo de los jenízaros y pasaban a formar parte de la infantería más reputada de toda Europa.


martes, 20 de octubre de 2015

SANTA CORONA HÚNGARA.



A pesar de llevar casi un siglo siendo una república (más o menos independiente), uno de los símbolos más importantes de la nación húngara, presente en todos lados (incluido su escudo) es la Santa Corona. Además la Santa Corona está muy vinculada a la Iglesia Católica, también muy presente en prácticamente la totalidad del país. No debemos olvidar, que el Reino de Hungría siempre fue un fiel aliado del Papado de Roma. 

Aunque lo más interesante de todo este asunto, es que la Santa Corona era la encargada de dar y transmitir el poder. Durante la Edad Media era frecuente otorgar atribuciones mágicas y/o religiosas a determinados objetos. En el caso que nos ocupa, hace diez siglos que se estableció que en Hungría no reina el monarca, el primer ministro o un regente. En Hungría ostenta el poder de reinar la propia Santa Corona, que posee alma propia y que tiene por cuerpo el territorio físico del estado. De esta manera un rey no podía ser aceptado como tal por el pueblo si su cabeza no ceñía la Corona. En ese sentido, durante la Edad Media, para que la Coronación del Monarca fuese legal debían darse tres requisitos; ser coronado con la Santa Corona, en la ciudad de Szekesfehervar y por el arzobispo de Esztergom.

viernes, 16 de octubre de 2015

LA CAMPAÑA DANUBIANA DE VLAD III DRÁCULA.



Invierno del año 1462, el gran río está congelado, y cientos de jinetes lo atraviesan con sigilo. El hielo soporta el peso de la caballería y no cede bajo sus cascos. La infantería, más numerosa, sigue de cerca (sin perderla de vista) a la bien entrenada vanguardia. Hace un rato que la noche ha caído sobre sus cabezas y el gélido viento de la llanura azota los cuerpos de unos soldados envalentonados. Alguno ha bebido un poco de vino para entrar en calor e insuflarse ánimos. Se encienden las antorchas, vuelan las primeras flechas y miles de valacos se lanzan poseídos por el espíritu del dios Ares, a devastar la orilla izquierda del Danubio. A la cabeza de esta enfervorecida horda, espada en mano, y aullando como un lobo dacio, Drácula, siembre el terror entre los sorprendidos turcos. 

El famoso Vlad III fue un guerrero cruel y despiadado, capaz de idear enfermizas atrocidades (al menos eso cuentan las fuentes históricas interesadas, repetidas hasta la saciedad por pseudohistoriadores en la red) y un general un tanto sobredimensionado. En ese sentido nunca demostró una gran inteligencia estratégica, ni la habilidad diplomática necesaria para conducirse con éxito en una contexto geopolítico excesivamente complejo. Aunque en su descargo, y para ser, sino justos, al menos objetivos, debemos añadir que nunca pudo demostrar su auténtica valía en una gran batalla campal. No obstante, no hay que restarle méritos, ya que utilizó (unas veces con más acierto, otras con menos) todos los recursos al alcance de su mano, para defender su posición en el volátil trono de Valaquia. De esta manera, hizo de la guerra de guerrillas, las razzias, las emboscadas y los ataques relámpago su arma más efectiva en las encarnizadas luchas contra los turcos. 

En el invierno 1461 – 62 protagonizó su campaña más audaz, vitoreada (con motivo) y recordada. Al mando de un ejército modesto (si lo comparamos con las huestes que podía movilizar el sultán Mehmet II) cruzó el Danubio helado y sometió al enemigo a un durisimo castigo. Dividió sus fuerzas en varios cuerpos y efectuó un raid devastador que cubrió un frente de unos 800 kilómetros, desde Kilia hasta Rahova. Los valacos no dejaron cabeza sin cortar, ni población sin arrasar. Todas las ciudades y aldeas (fueran turcas o búlgaras) sufrieron la ira del Empalador. Además destruyó todas las embarcaciones que encontró en el vado del río. 


Esta expedición, una razzia a gran escala disfrazada de auténtica guerra preventiva, pretendía conseguir una serie de claros objetivos tácticos. En primer lugar sorprender e impresionar a los otomanos, realizando una demostración de fuerza, que les enseñase que los valacos no iban a ser dóciles vasallos. Asimismo consiguió destruir los refugios y puestos de guardia de los valiosos jinetes akindjis. Además, con este golpe de mano consiguió crear un desierto estratégico que amortiguase la invasión turca. Antes de retirarse empleo la práctica de tierra quemada para entorpecer la segura campaña de represalia que lanzaría Mehmet II con los primeros brotes de la primavera. 

El cronista Laonico Calcocondilas en su obra “Historiarum Demonstrationes” describe brevemente la acción de Vlad: “Después de ello, inmediatamente, preparó el más grande ejército que estuviera en su poder y avanzó prontamente hacia Istros [Danubio]. Una vez adentrado en los confines del Istros y el país del emperador, masacró todo, mujeres y niños incluidos, incendiaba las casas, sembraba el fuego por donde avanzaba. Después de efectuar muy gran masacre, volvió a Dacia”

Tras la victororiosa marcha, a principios de febrero, Vlad escribió una carta el rey de Hungría, Matías Corvino , relatando su hazaña, contabilizando más de 20.000 muertos y solicitando unir fuerzas para derrotar definitivamente al invencible turco. 

“He matado a hombres y mujeres, a viejos y jóvenes, desde Oblucitza y Novoselo, donde el Danubio entra en el mar, hasta Samovitn y Ghigen. Hemos matado a 23.884 turcos y búlgaros, sin contar aquellos a los que quemamos en sus casas, o cuyas cabezas no fueron cortadas por nuestros soldados […] 1.350 en Novoselo, 6.849 en Silistria, 343 en Orsova, 840 en Vectrem, 630 en Tutrakan, 210 en Marotim, 6.414 en Giurgiu, 343 en Turnu, 410 en Sistov, 1.138 en Nicópolis, 1460 en Rahovo […]

Reunid a vuestros ejércitos, caballería e infantería, venid a nuestro país y luchad a nuestro lado. En caso de que Su Alteza se vea imposibilitada de proporcionar ayuda personalmente, enviar vuestro ejército a Transilvania […] y, en caso de que Vuestra Majestad tampoco desee hacer esto, enviad a quie queráis; pero sobre todo influid sobre los transilvanos y los szekler. Y, si Su Alteza está dispuesta a prestar ayuda, entonces no tardéis [...]”.


El día 23 de marzo la noticia de la espectacular victoria llegó a la ciudad de Bolonia y de ahí se propagó como un reguero de pólvora. El Cristianismo Occidental con el Papado al frente se mostraron exultantes por el éxito de Vlad, sin embargo, ignoró la llamada de auxilio. Aún no se habían olvidado del desastre de la última cruzada en Varna (1444) y la conquista de Constantinopla (1453) había dinamitado definitivamente las esperanzas de expulsar a los turcos de Europa. Nuevamente Vlad III se encontraba solo ante el peligro turco que se desparramó por Valaquia en verano de 1462. 

El escritor irlandés Bram Stoker, biógrafo no oficial de Vlad III y en cierto modo, culpable de la identificación entre el voivoda y el Conde Vampiro, parece hacer referencia a esta campaña, al poner en boca del profesor Van Helsing el siguiente comentario: “Le he pedido a mi amigo Arminius [Vambery] de la Universidad de Budapest, que me facilitase la historia de nuestro vampiro. Según él, debe tratarse del mismo voivoda Drácula, que se hizo célebre atravesando el gran río y luchando contra el turco, en la misma frontera turca”. En el fondo de la cuestión, creo que nunca sabremos si Stoker se inspiró en el voivoda Vlad el Empalador para crear a su inmortal personaje. 

Vlad III, conocía el terreno en que se movía, explotaba la guerrilla para enfrentar a un enemigo superior (del mismo modo que siglos atrás hizo el lusitano Viriato en sus luchas contra Roma en la Península Ibérica) lanzando rápidos ataques que golpeaban como un martillo sobre las desprotegidas defensas enemigas, mientras el turco duerme o descansa. Lamentablemente para él, no fue suficiente para derrotar al sultán Mehmet II, aunque le puso contra las cuerdas en más de una ocasión. 


martes, 6 de octubre de 2015

TRAS LOS PASOS DE JONATHAN HARKER: BISTRITA.



Ya estaba anocheciendo cuando llegamos a Bistritz, que es una antigua localidad muy interesante. Como está prácticamente en la frontera, pues el paso de Borgo conduce desde ahí a Bucovina, ha tenido una existencia bastante agitada, y desde luego pueden verse las señales de ella. Hace cincuenta años se produjeron grandes incendios que causaron terribles estragos en cinco ocasiones diferentes. A comienzos del siglo XVII sufrió un sitio de tres semanas y perdió trece mil personas, y a las bajas de la guerra se agregaron las del hambre y las enfermedades.

El conde Drácula me había indicado que fuese al hotel Golden Krone, el cual, para mi gran satisfacción, era bastante anticuado, pues por supuesto, yo quería conocer todo lo que me fuese posible de las costumbres del país. Evidentemente me esperaban, pues cuando me acerqué a la puerta me encontré frente a una mujer ya entrada en años, de rostro alegre, vestida a la usanza campesina: ropa interior blanca con un doble delantal, por delante y por detrás, de tela vistosa, tan ajustado al cuerpo que no podía calificarse de modesto. Cuando me acerqué, ella se inclinó y dijo:

—¿El señor inglés?

—Sí —le respondí—: Jonathan Harker.
Ella sonrió y le dio algunas instrucc iones a un hombre anciano en camisa de blancas mangas, que la había seguido hasta la puerta. El hombre se fue, pero regresó inmediatamente con una carta:

"Mi querido amigo: bienvenido a los Cárpatos. Lo estoy esperando ansiosamente. Duerma bien, esta noche. Mañana a las tres saldrá la diligencia para Bucovina; ya tiene un lugar reservado. En el desfiladero de Borgo mi carruaje lo estará esperando y lo traerá a mi casa. Espero que su viaje desde Londres haya transcurrido sin tropiezos, y que disfrute de su estancia en mi bello país.

Su amigo,
DRÁCULA


En su última etapa antes de llegar al castillo de Drácula, Jonathan Harker pasa la noche en la ciudad de Bistritz, actual Bistrita, una hermosa localidad de pasado medieval, y que es conocida como la Puerta de Transilvania. Pequeña, organizada en torno a dos plazas, donde se disponen casas de vivos colores, y cuyo trazado urbano recuerda su secular relación con el mundo germano. Actualmente existe un gran hotel llamado Corona de Oro, muy diferente de aquel en que pernoctó el sufrido abogado londinense.

THE DEVIN TOWSEND BAND IN VAMPIRA.





jueves, 1 de octubre de 2015

MONTES ORASTIE. NATURALEZA E HISTORIA, ARQUEOLOGÍA Y AVENTURA.



En el interior de Rumanía se encuentra la patria de los Dacios, en el Parque Natural Gradistea Muncelului – Cioclovina. Los legendarios Montes Orastie, incrustados en el arco carpático, fueron el lugar elegido por este aguerrido pueblo para construir inexpugnables (e indestructibles) ciudades fortalezas y santuarios abiertos al cielo azul, rodeados de oscuros bosques perennes. Se trata de uno de los lugares más salvajes de Europa, donde el asfalto aún no ha llegado y los tortuosos caminos, descuajaringados por violentas lluvias, siguen siendo de tierra, arena y grava.


Los aldeanos, labriegos y campesinos que viven en el valle se dedican a las tradicionales actividades del sector primario, como la explotación maderera, la ganadería y la apicultura. 


Las efigies de los grandes reyes dacios, Decébalo y Burebista, dan la bienvenida a los intrépidos visitantes que deciden adentrarse en estos montes. Justo en el lugar donde termina la carretera, empieza la auténtica aventura. 


Un lugar ideal para practicar el senderismo, sentir la auténtica libertad en la piel, donde historia, naturaleza y tradición secular se funden para ofrecer al caminante un espectáculo fascinante.






domingo, 13 de septiembre de 2015

CRAMELE RECAS, UN VINO MEDIEVAL RUMANO.



El vino es casi tan antiguo como la propia sociedad humana. En los simposios griegos, las bacanales romanas y los banquetes medievales, nunca faltaba el jugo de la vid, el elixir divino de Baco. En algunos lugares de Europa existen bodegas que llevan abiertas desde hace mucho tiempo y viñedos han producido vino durante centurias, como la Cramele Recas de Transilvania, cuyo origen se remonta al año 1447.

En el año 1319 las crónicas mencionan a un noble húngaro como propietario de la finca de Recas. Años más tarde, en 1359 el rey húngaro Luis I aprobó el asentamiento de colonos ortodoxos rumanos en estas tierras. Finalmente, en noviembre de 1447 se documenta la primera mención a la existencia de viñedos en Recas. Es de suponer que en esa fecha se producía vino en esta bodega, un vino que probablemente amenizase las fiestas y los banquetes que celebraban los boyardos transilvanos y valacos en sus castillos. Podemos imaginar al mísmisimo Vlad el Empalador disfrutando de uno de estos caldos. 

Por cierto el vino Castel Huniade producido en esta bodega está buenísimo.