miércoles, 29 de marzo de 2017

CLUBES DE FÚTBOL Y EDAD MEDIA.




La mayoría de los estados europeos actuales (los que existen, y los que están por existir) buscan sus raíces históricas en la Edad Media. Durante el revolucionario siglo XIX los políticos nacionalistas rescataron símbolos olvidados para desarrollar sus particulares modelos de estado-nación. En los años finales de esta trascendental centuria y en los primeros de la siguiente comenzaron a surgir clubes de fútbol por todos los rincones del continente, un deporte que pronto se convertiría en un espectáculo de masas. Hacia falta nombres, escudos y equipaciones, y los responsables de muchos de estos equipos también bucearon en la arena del tiempo en busca de elementos que identificasen a sus clubes.


El maravilloso martillo del dios Thor.






Ajax, Hércules o Aris son personajes míticos de la Antigüedad Clásica presentes en el mundo del fútbol, pero la Edad Media cuenta con sus propias leyendas. El Thor Akureyri islandés rinde homenaje a Thor, el poderoso dios nórdico del martillo, el Hodd de Noruega comparte nombre con un arquero protagonista de algunas sagas escandinavas y el Lech Poznan luce con orgullo el nombre del primer duque de Polonia cuyos pasos se pierden en la noche de los tiempos.



Sin perder de vista los mitos de la Vieja Europa el Zimbru de Chisinau materializa en su nombre y en su escudo, la figura del Uro, animal totémico íntimamente relacionado con el nacimiento de Moldavia. 









Celtas y vikingos son dos de las estirpes europeas por excelencia, y ambos, por supuesto, tienen su justa presencia en el deporte rey. De los primeros podemos citar (por ejemplo) al Celta de Vigo y al Celtic de Glasgow. El Vikingor Gota de Islas Feroe y el Viking Stavanger noruego reviven en cada partido las hazañas de los valientes guerreros del norte.







Otros equipos decidieron convertirse en símbolo de la región histórica donde se asientan, como el Zeta Golubovci de Pogdorica que recuerda el antiguo Principado de Zeta o el todopoderoso Bayern de Munich. Bayern es el nombre alemán de Baviera, un estado que surge como Ducado en la Alta Edad Media. Hace algunas temporadas, y durante unos años, el estadio de Osasuna se llamó Reino de Navarra, haciendo referencia a dicha monarquía medieval.








El Imperio Bizantino fue heredero del Imperio Romano en Europa Oriental, y su símbolo era un águila bicéfala, presente en la actualidad en los escudos de varios clubes del sudeste europeo, un territorio dominado por Bizancio durante varios siglos; AEK de Atenas, PAOK de Tesalónica, el Konyaspor turco y el Mamurrasi de Albania.  




Las guerras y las batallas forman parte de la historia de los pueblos, y en ese sentido el Zalgiris Vilinius – al igual que su homólogo de basket el Zalgiris Kaunas – rememoran la batalla de Grunwald . Zalgiris es el nombre que los lituanos dan a esta batalla en la que derrotaron - unidos a los polacos - a los caballeros de la Orden Teutónica. Pero si hay una batalla que ha marcado la historia de buena parte de los estados europeos fue la batalla de Kosovo . Milos Obilic dio muerte al sultán Murad I. El FK Obilic de Belgrado lo recuerda en cada uno de sus partidos.


Siguiendo con las batallas, el mítico estadio del Chelsea, Stamford Bridge, recibe su apelativo en recuerdo de una batalla que tuvo lugar en septiembre de 1066, poco antes de la decisiva invasión normanda. En Stamford Bridge Harold II (último rey anglosajón) derrotó al casi invencible rey noruego Harald Hardrada. 





El Hansa Rostock revive su pasado de grandeza comercial cuando los burgueses alemanes decidieron organizarse en la poderosa Hansa, una asociación donde primaban únicamente los intereses económicos. Para algunos uno de los precedentes de la Unión Europea.



La República de Génova también fue una potencia comercial, aunque en este caso en el mar Mediterráneo. Uno de los clubes de la urbe, la Sampdoria, lleva con orgullo el apellido de uno de los hijos predilectos de la ciudad, el almirante Andrea Doria.




En la nomenclatura futbolistica también hay lugar para personajes literarios. Digenis Akritas es un equipo chipriota y el nombre de la obra cumbre de la literatura épica bizantina ( y de su protagonista). Gil Vicente, una de las grandes plumas del Renacimiento portugués, presta su nombre al equipo de la ciudad de Barceló.





La añeja monarquía (aparte de Reales y Royales) también pertenecen a la aristocracia del fútbol europeo. El Piast Zmigrad lleva el nombre de la primera dinastía que reinó en Polonia y el Jagiellonia Bialystok el de otra familia, Jagellón, que acabó entronizada en Lituania, Polonia, Hungría, Bohemia y Croacia. En el escudo del Vezprem F.C. aparecen representados Esteban I y Gisela de Baviera, los primeros reyes de Hungría.




Un rey y dos obispos aparecen en el escudo del Sevilla Fútbol Club (los mismos que en el blasón de la ciudad). Los hermanos, San Leandro y San Isidoro, fervientes defensores del catolicismo en época visigoda, flanquean al rey Fernando III el Santo, conquistador que arrebató la Sevilla a los almohades.  




Skanderbeg, llamado en realidad Jorge Castrioti, fue un héroe albanés que luchó, atrincherado en sus montañas, contra el imparable rodillo del Imperio Otomano. El fútbol albanés le rinde justo homenaje por partida doble: el Skenderbeu Korce y el Kastrioti Kruje.



El fútbol es a la actualidad lo que los torneos y justas medievales a la Edad Media. Si cruzamos el Canal de la Mancha y llegamos a Londres nos encontramos con la sede del Totenham Hotspur. Henry Percy “Hotspur” fue un caballero inglés de los de lanza y armadura.






Algunos escudos están inspirados en personajes de la Edad Media. Alfonso Enriques, primer rey de Portugal aparece representado en el escudo del Vitoria de Guimaraes y en el del Chievo Verona podemos contemplar la silueta de Cangrande della Scala, todopoderoso señor del ciudad.


Al final de la Edad Media los europeos, con castellanos y portugueses a la cabeza, se lanzaron a la conquista de océanos y continentes. Los portugueses colonizaron el Brasil y cinco siglos más tarde los cariocas de Río de Janeiro fundaron el Vasco de Gama, recordando al célebre navegante luso.


Aunque el Nantes ha cambiado varias veces el diseño de su escudo, una elemento ha estado presente siempre el barco. ¿Y por qué un barco?. Por la vocación comercial de la ciudad, un descatado puerto fluvial y como referencia a los valientes marineros bretones que llevan siglos desafiando las peligrosas aguas del Atlántico.





Sociedad Deportiva Compostela, Racing de Ferrol y Celta de Vigo utilizan como emblema la cruz de Santiago, que pertenece a la orden creada durante la Edad Media en la Península Ibérica y que tenían como patrón al Apóstol Santiago.




San Jorge el caballero que derribó al dragón, patrón (y modelo) para la caballería medieval no podía faltar en este artículo: TJ Velké Bierovce-Opatovce de Eslovaquia, el FC Sfintul Gheorghe Suruceni de Moldavia y el NK Sentjur de Eslovenia.



La rosa roja de la Casa de Lancaster y la rosa blanca de la Casa de York, protagonistas de una guerra civil por el trono de Inglaterra (1455 – 1487), aparecen en el escudo del Barnet F.C.



El escudo del Athletic Club de Bilbao es un compendio de la historia medieval, tanto de Bilbao como de Euskadi: el puente de San Antón y la catedral de Bilbao, los dos lobos, que aparecían en el blasón de los Señores de Vizcaya de la familia Haro y por último el Árbol de Guernica.





El Hibernian de Edimburgo, fundado por emigrantes irlandeses que arribaron a Escocia, tomó el nombre que los romanos dieron a la Isla Esmeralda, Hibernia. En su escudo aparece representado uno de los símbolos arquitectónicos e historicos de la ciudad, su célebre castillo. Siguiendo con los castillos, la Ponferradina luce en su escudo la famosa fortaleza de la Orden del Temple de la localidad berciana. Otro equipo que presume de monumento medieval en su escudo es el Colonia alemán, con la impresionante catedral junto a una simpática cabra.



La Fiorentina, el orgulloso equipo toscano, luce como emblema un lirio o Flor de Lis (uno de los motivos más repetidos en la heráldica europea) de color rojo sobre un campo blanco, una de las señas de identidad de Florencia (al menos desde el siglo IX) , república medieval oligárquica y capital cultural del Renacimiento italiano.




El mítico Liverpool, uno de los equipos más admirados de la Vieja Europa, también muestra en su escudo el símbolo de la industriosa ciudad, el Liver Bird; un cormorán que lleva un alga en el pico, y que data de la fundación de la ciudad en el siglo XIII.





Condes y Duques. Royal Mouscron Peruwlez, equipo belga sucesor del Royal Exclsior Mounscron recuerda en su escudo a uno de los poderosos condes de Flandes: un caballero con armadura encabrita su montura y blande espada al aire. En el del Trakai el sello de los grandes duques de Lituania, un caballero con armadura que porta un escudo con el blasón de la dinastia Gediminas, tres columnas doradas.



El St. Patrick`s Athletic Football Club, uno de los equipos más populares de Irlanda, lleva el nombre del santo patrón y evangelizador de la isla, San Patricio.



El club rumano Chindia Targoviste no solo reproduce un monumento en su escudo , sino que lo lleva en su nombre, la Torre Chindia, construída por Vlad III el Empalador en su corte palaciega de Targoviste.




lunes, 5 de diciembre de 2016

BASARAB I EL FUNDADOR.



Atrincherado en las montañas carpáticas, Basarab I venció a los ejércitos húngaros a la vieja usanza, proclamó la independencia de Valaquia, e instaló su corte en la novelesca Curtea de Argés. Una Curtea de Argés que fue capital, cuando Bucarest aún no era ni proyecto de ciudad.

Basarab I, católico, hijo del legendario voivoda Thocomerius, y hay quien dice que cumano, es conocido como “el Fundador”, en rumano Intemeietorul, ya que rompió su relación de vasallaje con el Reino de Hungría y fundó su propio principado, Valaquia.

Tras varios desencuentros con el rey Carlos Roberto, Basarab decidido a desligarse del control magiar, reunió tropas y derrotó a los húngaros en la célebre batalla de Posada. Este príncipe rumano reinó durante unos treinta años, y desde la región central de Muntenia, llamada así por razones obvias, consiguió extender sus dominos hasta las regiones orientales de Valaquia, llegando así a alcanzar el río Danubio.

Basarab y sus descendientes supieron aprovechar la crisis interna que sufrió Hungría con la extinción de la casa de Arpad para sentar las bases de su propio estado.


jueves, 30 de junio de 2016

MATEO CSÁK, EL REY SIN CORONA DE HUNGRÍA.



Poderoso señor feudal húngaro que aprovechó la debilidad de los últimos monarcas de la Casa Arpad y la crisis sucesoria subsiguiente, para medrar en política, acumular dominios, hacerse tremendamente rico, campar a sus anchas por las tierras del reino y convertirse, de facto, en un “el rey sin corona de Hungría”.

Miembro de una poderosa e influyente familia, los Csak, inmersos en un cruenta lucha de poderes contra otras familias. Los Kozsegie eran sus más encarnizados rivales. Mateo Csák fue, como su propio padre, nádor (segunda persona más poderosa después del rey), mariscal, juez, gobernador y señor de la tesorería, además de dueño absoluto de la Alta Hungría. A lo largo de su vida fue juntando un destacado patrimonio territorial a través de diferentes procedimientos: herencia de su padre y de su tío, conquista de posesiones rivales y compra de tierras y fortalezas.

En el año 1291 participó en una campaña militar que Andrés III lanzó contra el duque Alberto I Habsburgo, un pretendiente al trono magiar. Las tropas húngaras derrotaron a los austriacos en una batalla cerca de Viena. Sus triunfos militares ayudaron a incrementar su prestigio. Como recompensa Mateo recibió del rey el título de caballero y el de gobernador de Bratislava. Más tarde fue nombrado juez de los cumanos y nádor de Hungría. A lo largo del reinado de Andrés III Mateo fue consiguiendo más y más títulos, acrecentando exponencialmente su poder e influencia.

En 1293 las ansias de poder de Mateo eran incontenibles y ocupó, utilizando la fuerza, la provincia de Trencín. Atacó y devastó la región de Nitra y por el uso irresponsable y desmedida de la violencia, el rey le desposeyó de sus títulos. Sin embargo, el orgullo y altivo Mateo siguió hacierno gala de ellos. Enfrentado al rey, comenzó a ocupar tierras y fortalezas de otros nobles (más afines al monarca), llegando a eleminar a algunas de las ramas rivales. En esos momentos logró una posición que ningún otro noble había alcanzado jamás en la longeva historia de Hungría.

En 1301 muere el rey Andrés III, último representante de la casa de Arpad y se inicia una larga lucha por la sucesión con tres candidatos enfrascados en ella: Otón III duque de Baviera, Wenceslao III de Bohemia y Carlos Roberto de la familia Anjou.


Como sucedió en la corona de Castilla durante el siglo XV (y otros rincones de Europa), los clanes nobiliarios luchan por el poder y la supremacía sobre el resto. Se dedican a coleccionar tierras, haciendas y feudos, para demostrar quién la tenía más grande. Tras la muerte de Andrés los barones se independizaron totalmente: recaudaban impuestos, acuñaban moneda, impartían justicia....

Para consolidar su poder, Mateo Csák decidió establecer a un rey marioneta, joven, débil e inexperto al que pudiese manejar a su antojo, y el elegido fue Wenceslao III de Bohemia. Mateo Csák participó activamente en su coronación en la ciudad regia de Szekesfehervar. Por este apoyo, Mateo Csák recibió los territorios de Nitra. Como en el fondo Mateo no quería a ningún rey (salvo a él mismo), pronto se levantó contra su antiguo protegido. Sin apoyos y desde una posició débil, Wenceslao renunció al trono húngaro y se volvió a Bohemia a reinar allí con dignidad.

Mateo Csák aprovechó la vuelta a casa de Wenceslao para conquistar e instalarse en Visegrad. Convirtió esta palza en residencia y desde allí se lanzó a tomar otras fortalezas (no menos de veinte). A priori en estos momentos no parecía oponerse abiertamente a otro candidato, Carlos Roberto. De todas formas el enfrentamiento entre ambos era cuestión de tiempo, no puede haber dos gallos altaneros en el mismo corral.

Desde Visegrad Mateo lanzó un terrible ataque sobre la cercana ciudad de Buda, obligando a Carlos Roberto a traslader su corte a Temésvar (Timisoara). Con el rey acantonado en el sur y él dominando todo el norte del país, alcanzó Mateo Csák la cúspide de su poder. Fue excomulgado por no acatar la autoridad de un rey al que había jurado obediencia. Su respuesta fue asediar y tomar las fortalezas del arzobispo de Esztergom y la del arzobispo de Nitra. Estaba dando el todo por el todo y Carlos Roberto (si quería reinar sin obstáculos) no podía permanecer de brazos cruzados.

En 1312 Mateo Csák aliado con los hijos de Amado Aba, fue vencido en la batalla de Rozgony por las tropas reales. A pesar de que con esta derrota la posición del noble Mateo se había debilitado mucho, el rey nunca pudo ni vencerlo ni someterlo del todo. Esa partida únicamente la podían decidir las Moiras.

Aprovechando esta debilidad, Tamás Széceni, fiel partidario del Carlos Roberto, arrebató en 1315 la ciudad y la estratégica fortaleza de Visegrad al noble rebelde. Ahora pudo el monarca regresar a la plaza fuerte y la ciudad recuperó la capitalidad del reino. En los años venideros, el rey solo pudo recuperar un puñado de fortalezas, hasta que en 1321 murió Csák, y con él su vasto imperio. Sin hijos, descendencia, ni sucesor, el rey Carlos Roberto dijo, todo para mí e incorporó los antiguos dominios de Mateo a la Santa Corona Húngara, restableciendo la autoridad (y la unidad).


La vida de Mateo Csák fue una carrera de fondo en pos del poder omnímodo. Una persona ambiciosa, con pocos escrúpulos, un fascinante personaje de la historia medieval húngara. El oligarca más poderoso de la Alta Hungría, nunca sometido ni sojuzgado, nunca derrotado ni desposeído. Se enfrentó a la nobleza, a la alta jerarquía eclesiástica y a la monarquía. Nadie pudo con él.


martes, 17 de mayo de 2016

EL SANGUINARIO BANQUETE DE BOYARDOS.



La velada transcurría apaciblemente, las antorchas iluminaban los sonrosados rostros de los comensales y las sombras proyectaban alargadas figuras sobre las paredes del gran salón. Todos los boyardos del reino, magnates y prohombres, estaban reunidos aquella noche, sentados alrededor de una enorme y maciza mesa de madera, acompañados por sus esposas e hijas. Los pajes y escuderos observaban, sin intervenir, el pantacruélico banquete desde una distancia prudencial.

El príncipe no había reparado en gastos para agasajar a sus invitados, los grandes señores del país: faisán relleno, ciruelas, naranjas y melocotones, pistachos, almendras o otros frutos secos, cabrito de los Cárpatos, venado de la reserva de caza del príncipe, lechón asado, patos criados en las granjas de Valaquia, esturión del mar Negro, barbos y carpas del Danubio, ternera de Panonia y todo ello regado con los caldos, tintos y blancos, elaborados en las afamadas bodegas transilvanas. El príncipe, orgulloso y altivo, miraba complacido el maravilloso cuadro, al que aún había que imprimir color carmesí.


Cuando las panzas estaban llenas, el alcohol ya se había apoderado de cuerpos y mentes, los modales corteses habían cedido ante los eructos y exabruptos, y el placer lo inundaba todo, el príncipe se acercó a sus invitados, y con una sonrisa dibujada en los labios se dirigió a uno de los comensales de esta manera:
  •  Decidme señor ¿a cuántos voivodas habéis conocido?
  • ¿Diez?,¿veinte? - respondió con desdén el hombre.
A continuación reparó el príncipe en un veterano boyardo de pelo cano, el mayor quizás de los invitados, y de nuevo inquirió.

  • Y usted, noble señor ¿a cuántos voivodas habéis servido?
  • Seguro que a varias docenas – respondió con sorna bobalicona el aludido.
Y aún dirigió una tercera pregunta, obteniendo la misma respuesta – muchos -. Entonces, poseído por el mismísimo diablo, el príncipe endureció el gesto y exclamo: !Asquerosas ratas bastardas. Por culpa de vuestros egoísmos y traiciones los príncipes de este país no pueden mantenerse en el trono!. Pero yo, Vlad III, hijo de Vlad II “el Dragón”, atajaré este problema de raíz.

Sin que los boyardos tuvieran tiempo de reaccionar, la guardia del príncipe irrumpió, espada en mano, en el gran salón e iniciaron una terrible carnicería. Los primeros en ser degollados fueron los pajes y escuderos, y luego siguieron los boyardos más veteranos y algunas mujeres. Los que no murieron en el salón fueron sacados al exterior, maniatados y se les atravesó el ano con enormes estacas. Así pasaron varias horas (a lo peor días) empalados, sufriendo la más atroz de las agonías, mientras los cuervos se deleitaban picoteando los ojos, las lenguas y otras partes blandas. La sangre de la redención regó la tierra de Valaquia.


Los que se libraron del acero y la madera fueron trasladados a Poenari y allí se vieron obligados a trabajar como esclavos en la construcción del castillo que corona la cumbre. Los cuerpos de muchos de ellos terminaron estercolando la tierra.

Esta es una de las anécdotas más truculentas y recurrente que se cuentan sobre el terrible príncipe de Valaquia Vlad III, conocido como “el Empalador”. Como dijo el actor Rudolf Martin cuando encarnaba al personaje en la película Vlad Príncipe de la Oscuridad: “He oído tantas veces esas historias, que estoy empezando a creerlas”.

Los historiadores sitúan la matanza de boyardos en la ciudad de Tirgoviste, donde Vlad tenían instalada su corte, durante la celebración del Domingo de Pascua. Matei Cazacu (uno de los biografos más reputados del Drácula histórico) fecha la Pascua Sangrienta en 1459.

Un relato alemán de 1463 describe la escena con las siguientes palabras: “Invitó a su morada a todos los señores y nobles de su país; cuando hubieron terminado la comida, se dirigió al de mayor edad y le preguntó de cuántos voivodas o príncipes que hubieran reinado en ese mismo país guardaba recuerdo. Él le contestó lo que sabía al respecto; después fueron interrogados los demás, jóvenes y viejos; y Drácula pidió a cada uno de ellos a cuántos podían recordar. Uno contestó cincuenta; otro, treinta; uno, veinte; otro, doce; y ninguno era lo suficientemente joven como para recordar a menos de siete. Entonces, él hizo empalar a todos esos señores, que en total eran quinientos”.

Real o no, esta historia ha sido repetida tantas veces, que todo el mundo la da por cierta.


domingo, 15 de mayo de 2016

BUREBISTA, SEÑOR DE TODO EL DANUBIO.



De entre los bosques carpáticos surge la imponente figura de Burebista, henchido de firmeza, determinación, carisma y capacidad de mando. Junto a Decébalo, el más grande rey de los dacios.

A mediados del siglo I a.C. estableció el primer gran estado dacio, unificó a los geto-dacios y a los tracios, reorganizó el ejército y se lanzó a guerrear contra los pueblos vecinos (y algunos de más allá). Venció a los boios, tauriscos y escordiscos (todos ellos profundamente celtizados), subyugó a los correosos bastarnos e incluso consiguió el control de las dinámicas colonias griegas del mar Negro. Burebista construyó un imperio al norte de los Balcanes, que se extendía a ambas orillas del Danubio y que por oriente alcanzó la región de Odessa.


Este monarca levantó una red de fortalezas en los Cárpatos (Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO) y situó su capital muy cerca de Costesti. Reinó durante cuatro décadas sobre un mosaico de pueblos, dispares entre sí y poco cohesionados. Las tierra sobre las que gobernó eran fértiles para la agricultura, aptas para la ganadería, ricas en minas y prósperas para el comercio. Burebista siempre contó con la colaboración de Decenus, un hombre religioso similar a los druidas, un sabio consejero al estilo de Merlín, Gandalf o Panoramix.

“Burebistas, tras haberse hecho cargo de la dirección del pueblo, levantó la moral de la gente, que estaba decaída por las numerosas guerras, y logró alcanzar tal grado de prosperidad a base de entrenamiento, disciplina y obediencia a sus órdenes, que en pocos años se había hecho con un gran imperio, sometiendo al yugo geta a la mayoría de sus vecinos. Ahora comenzaba a ser digno de temer para los romanos, dado que cruzaba sin reparo el Istro y saqueaba Tracia hasta Macedonia e Iliria; devastando no sólo a los celtas que estaban mezclados con tracios e ilirios, sino también causando la completa desaparición de los boyos, gobernados por Critasiro y de los tauriscos. Para lograr la docilidad del pueblo contaba con la ayuda de Deceneo, el adivino, el cual había viajado por Egipto y había aprendido a interpretar ciertos signos, por medio de los cuales descifraba la voluntad divina”
Estrabón VII, 3, 11.

En su avance hacia Occidente Burebista chocó contra Roma y en el año 60 a.C. fulminó a un ejército comandado por Antonio Hybrida. Esta victoria le otorgó fama e hizo aumentar su prestigió, hasta el punto que Pompeyo Magno buscó su alianza para sumar fuerzas en la tortuosa Guerra Civil.

Julio César, animado por deseos de venganza y preocupado por un potencial enemigo en el Corazón de Europa, preparaba una campaña contra los dacios, cuando sobrevinieron los trágicos Idus de Marzo. A Burebista no le fue mucho mejor, pues también fue víctima de un oscuro complot nunca aclarado. Los hados del destino no quisieron que estos dos titanes cruzaran armas.


jueves, 12 de mayo de 2016

OROLES, REY DE LOS DACIOS.



Oroles fue un rey de los dacios, los aguerridos habitantes de los Cárpatos, durante el siglo II a.C. Su mayor éxito militar fue derrotar a los fieros bastarnos, cerrándoles el paso e impidiendo que invadieran Transilvania.

El historiador galo-romano Pompeyo Trogo nos cuenta la siguiente anécdota sobre este rey: “Por su parte los dacios descienden de los getas, quienes, habiendo sido derrotados en tiempos del rey Oroles por los bastarnas, en castigo por su cobardía estaban obligados por orden de su rey a poner la cabeza en el lugar de los pies, cuando iban a dormir, y a hacer a sus esposas los servicios que antes solían hacérseles a ellos mismos y no se cambiaron estas costumbres antes de que borraran con su valor la vergüenza sufrida con la guerra”.

sábado, 7 de mayo de 2016

ORASTIE, LA PUERTA DE LOS CÁRPATOS.



Al pie de los montes Cárpatos, Orastie es el lugar ideal para emprender una expedición hacia las fortalezas dacias Patrimonio de la Humanidad. Sus murales, bustos y estatuas recuerdan con orgullo (además de a otras personalidades destacadas) su vinculación histórica con la Civilización Dacia.



Orastie es un pequeño pueblo encantador, bien cuidado y que me pareció maravilloso cuando me bajé de la autocaravana. Luego no era para tanto, pero los alrededores de la iglesia con un parque lleno de jardines y flores era bonito y agradable.  


miércoles, 4 de mayo de 2016

CROACIA INTEGRANTE DEL REINO DE HUNGRÍA.




Comerciantes venecianos, soldados, trabajadores y campesinos croatas, y nobles húngaros, convivieron (más mal que bien) y dejaron su impronta en este hermoso país balcánico. Posiblemente esa mezcolanza sirva para explicar el carácter afable y acogedor de sus gentes. Durante los siglos plenomedievales gran parte de la Croacia actual estaba integrada en el Reino de Hungría, el reino medieval más poderoso de Europa Centro-Oriental. Magiares y venecianos pugnaron durante décadas por el control de la costa dálmata. La superior flota de la república de San Marcos acabó triunfando en el mar y llevándose (y nunca mejor apuntado) el gato al agua.


El reino de Croacia, unificado y fundado por Tomislav I en 925 perdió su independencia nominal con la muerte del rey Dimitar Zvonimir en 1091. Sin la existencia de un sucesor, su viuda, Helena de Hungría, ofreció el trono a su hermano Ladislao  , rey de Hungría. Una parte de la nobleza croata eligió a su propio rey Petar Svacic. Durante unos años, en los que se produjo la muerte de Ladislao, la coronación de Colomán y la intromisión de Venecia, la situación política en Croacia era confusa e inestable, hasta que en 1097 se produce el choque armado entre húngaros y croatas en la batalla de la montaña Gvozd. El enfrentamiento finalizó con la muerte del aspirante croata y la coronación de Colomán , llamado el Bibliófilo, como rey de Croacia. Desde este momento y a lo largo de ocho siglos Crocia quedó vinculada a Hungría hasta la disolución del Imperio Austro-Húngaro al finalizar la Primera Guerra Mundial.


Los magiares utiizaron las fortalezas, como la de Klis para defender la región. Primeramente de los venecianos que constantemente intentaban someter la costa de Croacia. Tras varios vaivenes (Zara cambió varias vences de manos) a partir de 1420 la República de San Marcos se implantó en la región de forma perdurable. El otro enemigo al que tuvieron que hacer frente eslavos y húngaros unidos fueron los turcos del Imperio Otomano. Ladislao I fundó el obispado de Agram (Zagreb ) y en general los monarcas húngaros patrocinaron la implantación del catolicismo en el país, de forma paralela al crecimiento de la iglesia ortodoxa en la vecina Serbia. El rey de Hungría delegaba en un ban (una especie de virrey) el gobierno de Croacia, que en la práctica funcionaba de forma autónoma y contaba con su propia dieta. Algunos de estos banes, como Belos Bukanovic, pertenecían a la aristocracia eslava.